La corona del Sacro Imperio

Pese a su importancia histórica, inciertas y discutidas eran su procedencia y su antigüedad. El empleo de métodos propios de la investigación arqueológica ha aportado una solución.

No hay símbolo de soberanía más importante de los que, a un tiempo, fueron reyes alemanes y emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico que la corona imperial. Vino el Sacro Imperio, fundado por la unión imperial de Carlomagno (747 a 814; rey de los francos desde el 768, emperador desde el 800), a suceder al romano de Occidente de finales de la Antigüedad, en competencia con el imperio de Bizancio, el viejo imperio romano de Oriente. Tras la disgregación del reino franco, los reyes de su parte oriental, cuya elección se celebraba en el regnum alemán, se convirtieron en los renovadores de aquella unión.

Bajo el primer emperador salio, Conrado II, que gobernó de 1024 a 1039, el Imperio abarcaba los regna de Alemania y de Italia y, a partir de 1032, también el regnum de Borgoña. Para entroncar con el Imperio romano de la Antigüedad tomó el nombre de Romanum Imperium, completado en 1254 con la adición de Sacrum, quedando así Sacrum Romanum Imperium. Ya en la Baja Edad Media había quedado reducido a Alemania y a los restos de los otros dos regna, Italia y Borgoña. El añadido oficial Nationis Germanicae (de la Nación Germánica) aparece más tarde y dura desde el siglo XV hasta mediados del XVI. El Sacro Imperio Romano finalizó cuando, a instancias de Napoleón I Bonaparte, que desde 1804 era emperador de los franceses, Francisco II de Habsburgo renunció el 6 de agosto de 1806 a la dignidad imperial y, con ello, también a la corona imperial. Esta se conserva hoy en la cámara del tesoro del palacio imperial de Viena.

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