La enfermedad de Lyme

Aunque los antibióticos suelen ser eficaces en el tratamiento de la misma, se está ya ensayando una vacuna. La investigación se propone, además, buscar remedios para los pacientes crónicos.

La enfermedad de Lyme se reconoció como tal hará unos veinte años. No tardaron mucho los investigadores en identificar su causa —un microorganismo transmitido por garrapatas—, demostrar que la antibioterapia curaba casi todos los casos y esbozar el curso típico de la patología. En los últimos años, se ha dado otro paso alentador: una vacuna que se encuentra en fase de ensayo clínico. Pero, ¿por qué la afección, autolimitada por lo común, se torna crónica en algunos e incluso debilitante? Instalados en la nueva etapa, parece llegado el momento de resumir lo aprendido a lo largo de esas dos décadas de estudio, explicar cómo se desarrolló la vacuna y revisar las hipótesis sobre la afección crónica.

Fue en Lyme, estado de Connecticut, donde se reconoció el carácter propio de la enfermedad. En 1975 se diagnosticaron dos niños de artritis reumatoide juvenil, enfermedad discapacitante caracterizada por la hinchazón dolorosa de las articulaciones. Pronto se comprobó que ésos no eran los únicos afectados; a muchos otros niños y adultos de la región se les había diagnosticado también artritis reumatoide. Puesto que la afección no suele aparecer en grupos, las madres acudieron a la Universidad de Yale en busca de una explicación para la epidemia.

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