Influjo lunar en el manglar

Descubierta la causa de un episodio natural misterioso.

Los mangles blancos (Avicennia marina) son sensibles al nivel del mar. [Gary Bell/Oceanwide/Minden Pictures]

El enigma surgió en 2015, cuando casi el 10 por ciento de los manglares en apariencia sanos del golfo de Carpentaria, en el norte de Australia, murieron de repente. Al principio se culpó de la mortandad a un episodio inusualmente potente de El Niño, un fenómeno atmosférico y oceánico que de forma periódica desplaza agua del oeste del Pacífico e intensifica las bajamares locales. Pero ahora, un nuevo estudio publicado en Science Advances revela que tuvo un cómplice sigiloso: la Luna.

Los autores redujeron la lista de sospechosos analizando más de treinta años de datos captados por los satélites. «Sin duda era un conjunto fenomenal de datos», afirma el autor principal del estudio, Neil Saintilan, biogeógrafo de la Universidad Macquarie. No tardó en aparecer un patrón temporal, que se repetía cada 18 o 19 años, en que la cobertura de mangles a lo largo del golfo de Carpentaria perdía sensiblemente densidad antes de retornar a la normalidad al cabo de un par de años. Y unos nueve años después de esa mortandad, las copas de los árboles adquirían una densidad inusual.

Esa regularidad brindó una pista importante a los investigadores. «La naturaleza suele ser bastante errática. Así que, si algo muestra una gran regularidad, probablemente sea algún tipo de ciclo orbital», explica Saintilan.

«El ciclo de 18,6 años depende sobre todo de lo que llamamos la precesión de la órbita lunar», explica Sophie Wilmes, que estudia las mareas en la Universidad de Bangor, en Gales, y no ha participado en la investigación del manglar. La atracción gravitatoria de nuestro satélite alimenta a diario las mareas de la Tierra. A medida que la órbita de la Luna oscila (técnicamente, precesiona) a lo largo de 18,6 años, crea períodos regulares y prolongados de mareas inusualmente altas y bajas en ciertos lugares. Este efecto es acentuado en el golfo de Carpentaria, donde la bajamar llega a descender en promedio 40 centímetros a causa de su posición respecto al ecuador y de la morfología de la costa australiana.

Los investigadores determinaron que la mortandad de los manglares en 2015 había tenido lugar 18,5 años y medio después de la anterior. Y con El Niño de 2015, los mangles tuvieron que soportar una bajamar aún más intensa, pues el fenómeno atmosférico hizo descender las mareas otros 40 centímetros más, lo que supuso el golpe definitivo para estos árboles, que no pueden permanecer demasiado tiempo en seco.

La mecánica orbital de la precesión lunar ha sido estudiada con sumo detalle por los astrónomos, «pero no lo ha sido tanto su impacto eocológico, lo que hace interesante este artículo», opina Wilmes. En el futuro, Saintilan espera comprobar si el fenómeno afecta a los manglares de otras partes del mundo. También pretende estudiar de qué modo el ascenso del nivel del mar motivado por el cambio climático alterará ese ritmo natural. Si la elevación fuese moderada, podría paliar en parte los descensos máximos de la marea, lo que ayudaría a conservar los manglares; pero una elevación desmesurada ahogaría los mangles durante el máximo mareal del ciclo. «Podríamos prever en qué momento comenzarán a aparecer problemas serios en relación con la capacidad de adaptación de los manglares», concluye Saintilan.

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