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Tratamientos alternativos del cáncer

No hay bálsamos mágicos. Algunos regímenes, sin embargo, mejoran la calidad de vida de los pacientes.
La terapia habitual del cáncer suele resultar dolorosa y debilitante. Con harta frecuencia es ineficaz o prolonga la supervivencia sólo por un breve intervalo de tiempo. No debe sorprendernos, pues, que los que se enfrentan a la perspectiva del dolor y de la muerte se sientan atraídos por terapias alternativas que se presentan como más suaves, más eficaces o ambas cosas a la vez. Ahora bien, la decisión de escoger las terapias alternativas plantea el más agudo de los dilemas para los pacientes, porque las opciones que se apartan de las líneas tra­dicionales no han resistido los procedimientos de evaluación habituales, y sí pueden acabar resultando caras, inútiles o incluso perjudiciales, acortando las vidas en vez de alargarlas.
Es difícil conocer cuántos pacientes se decantan por la medicina alternativa. Los estudios han arrojado cifras de entre el 15 y el 25 por ciento. Tales números pecan sin du­da por defecto; al menos el 30 por ciento de los pacientes abordados declinaron participar en la encuesta. Dato interesante: unas tres cuartas par­tes de los que recurrían a la medicina alternativa dijeron no haber informado a sus médicos, y la gran mayoría continuaba recibiendo un tratamiento ortodoxo. Malcom L. Bridgen, de la empresa farmacéutica Metro-McNair, ha estimado que aproximadamente la mitad de los pacientes con cáncer buscan esas terapias.

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