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Cómo defender la biodiversidad

Si deseamos proteger las especies en vías de extinción, los ecólogos debemos hacer valer nuestra voz en los círculos políticos.

© SHAUN/ISTOCKPHOTO

Nota de los editores: el 22 de mayo celebramos el Día Internacional de la Diversidad Biológica. Con motivo de la conmemoración, compartimos el siguiente artículo. El lunes 22 de mayo de 2017, su descarga es gratuita.

¿Cómo podemos los científicos proteger la biodiversidad? A raíz del gran censo de elefantes del pasado agosto, que reveló su descenso en picado en toda África, se sucedieron los habituales llamamientos de los investigadores reclamando más y mejores datos. Solo si sabemos dónde y cuántos individuos de una especie hay, reza el argumento, tendremos alguna posibilidad de conservarla. Una idea equivocada, a mi entender.

No por ser mejores los datos salvarán a los elefantes ni a ninguna otra especie. Desde hace décadas, numerosas personas, instituciones académicas, Gobiernos y organizaciones diversas recaban y organizan datos mientras nuestro legado biológico va menguando.

Nadie duda de que los datos sean importantes. Permiten plantear prioridades y reclamar la atención en torno a las especies en peligro. Pero raramente impulsan la toma de decisiones en el ámbito de la conservación. En la inmensa mayoría de los casos, se destinan a sustentar decisiones tomadas por otros motivos. Las que adoptó la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES) el pasado octubre para endurecer el comercio de tiburones, loros y pangolines así lo demuestran. La fascinación, el carisma y el aspecto enternecedor cautivaron a los delegados, y la presión periodística y política y las campañas en los medios sociales condicionaron las decisiones.

La reunión científica mundial que celebró poco después la Red de Investigación Ecológica Internacional a Largo Plazo (ILTER, por sus siglas en inglés) en el Parque Nacional Kruger, en Sudáfrica, puso de manifiesto el problema. Con su dilatado y envidiable historial de integración de la dinámica social en el estudio de los sistemas ecológicos y en la implicación de los órganos políticos en la concepción de programas de conservación, ILTER se reunió bajo las largas sombras proyectadas por los elefantes mutilados, los rinocerontes descornados, los gorilas en declive y muchos otros endemismos amenazados en un continente con numerosos países asediados por el terrorismo, inmersos en conflictos civiles o gobernados por cleptócratas.

¿De veras necesitamos más jornadas sobre el ciclo del nitrógeno o los determinantes de la biodiversidad a distintas escalas? Sí, si el objetivo es meramente seguir publicando más artículos que solo leerán nuestros amigos y colegas. Pero no nos engañemos: nada de ello servirá para que los gestores reúnan la determinación para poner freno a la caza furtiva del elefante en África, a la tala y quema de las selvas en Indonesia, a la fracturación hidráulica o la contaminación de los recursos hídricos en Norteamérica. Si la biodiversidad es realmente importante para el planeta y primordial para el bienestar de la humanidad, sugiero tres actuaciones cruciales que, como científicos, deberíamos asumir desde este preciso momento.

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