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1 de Marzo de 2017
Medicina

Intestino a la carta

El último órgano con todas las funciones obtenido en el laboratorio.

THOMAS FUCHS

Cuando se trata de fabricar un intestino, los primeros centímetros son los más arduos, sobre todo en la placa de Petri. Científicos del Centro Médico del Hospital Infantil de Cincinnati han logrado este hito: hace poco comunicaban en Nature Medicine que habían conseguido producir un segmento de intestino, provisto de nervios, músculos y todo lo demás, a partir de una única estirpe de células madre humanas. En el futuro este tejido podría servir para el estudio de las enfermedades, entre otras aplicaciones.

En 2011, investigadores del mismo centro anunciaron que habían logrado cultivar tejido intestinal, pero desprovisto de células nerviosas y, por tanto, incapaz de contraerse y generar el movimiento ondulante que impulsa el alimento a lo largo del colon. Esta vez, el equipo ha cultivado neuronas aparte y después las ha combinado con otro lote de células madre previamente estimuladas para que se convirtieran en músculo y epitelio. Y listo: ya tenemos un segmento de intestino de varios centímetros de largo. «Como en el embrión humano, las neuronas saben adónde ir», asegura Michael Helmrath, cirujano responsable del Programa de Rehabilitación Intestinal del Hospital Infantil de Cincinnati.

Los científicos implantaron después el tejido en el intestino de un ratón vivo para que madurara. Una vez extraído de nuevo para someterlo a pruebas, estimularon el fragmento hecho a medida con una descarga eléctrica. Se contrajo y siguió haciéndolo solo. «Todo parecía funcionar bastante bien», asegura Helmrath. El intestino se suma así a los riñones, a los organoides cerebrales y a otros contados tejidos del cuerpo que pueden fabricarse en el laboratorio.

Helmrath y su colega Jim Wells se proponen ahora obtener tramos más largos plenamente funcionales, esta vez en cerdos. Algún día esperan poder ayudar a personas con problemas digestivos. La obtención de copias del intestino del paciente permitiría observar cómo se manifiesta la enfermedad o incluso trasplantar el tejido. «El intestino es difícil de reproducir in vitro. Haber llegado tan lejos en tan poco tiempo me da esperanzas de poder contar a la larga con alguna solución terapéutica», comenta Wells.

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