Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Marzo 2017Nº 486
Filosofía de la ciencia

Filosofía

La filosofía de la biología en el siglo XXI

Un campo en auge y con una gran diversificación temática.

Menear

La filosofía de la biología es la parte de la filosofía que reflexiona sobre las ciencias de la vida. Fue cultivada en un inicio por Aristóteles. El investigador griego suele tenerse por el padre de la biología, pero también «merece ser considerado —afirma James G. Lennox, experto en ciencia aristotélica de la Universidad de Pittsburgh— el primer filósofo de la biología, y uno de los más grandes». Y no se trata de una mera coincidencia. La reflexión filosófica favoreció, ya en tiempos de Aristóteles, la conversión de una serie de saberes empíricos sobre los vivientes en una auténtica ciencia, con sus propios objetivos y métodos, con un cuerpo articulado de teorías y conceptos.

Lo más notable de la labor de Aristóteles es que supera el interés histórico. Según Lennox, es razonable el intento de construir hoy día una filosofía de la biología de corte aristotélico, basada en conceptos como los de organismo, desarrollo, diferencia, forma y función. Y ello podría hacerse compatible con una visión evolucionista. Ahora bien, la filosofía de la biología de Aristóteles nunca cuajó en una disciplina institucionalizada. David L. Hull, quien fuera profesor emérito de filosofía de la biología en la Universidad Noroccidental (EE.UU.), afirmaba que «la mayor falta de Aristóteles fue la de producir un sistema de conocimiento que era demasiado bueno demasiado pronto (too good too soon)».

Fue a partir de los años setenta del siglo pasado cuando la filosofía de la biología empezó a constituirse como un campo académico propio. Los factores que impulsaron este proceso fueron básicamente cuatro. Primero, el extraordinario crecimiento de la biología como ciencia, con el asentamiento de la teoría sintética de la evolución y el descubrimiento de las bases moleculares de la vida. Segundo, la decadencia del neopositivismo y, con ello, la renuncia al proyecto de reducir todas las ciencias a la física. Tercero, la voluntad de algunos biólogos evolutivos, como Ernst Mayr y Francisco Ayala, de proteger la autonomía de la biología. Y cuarto, el interés de algunos filósofos, como Michael Ruse, de la Universidad estatal de Florida, y Hull, en promover su programa darwinista.

Esos factores contribuyeron a que la filosofía de la biología focalizase sus debates en torno a dos temas: el darwinismo y el reduccionismo. El abordaje de los mismos requería el trabajo conjunto de filósofos y biólogos. Por un lado estaban los filósofos que, como Ruse, entendían el darwinismo como la respuesta a las principales preguntas filosóficas. Por otro, los biólogos evolutivos, cuyas investigaciones se veían amenazadas por el ascenso fulgurante de la biología de laboratorio, que acaparaba cada vez más financiación y recursos humanos. Estos no tenían una agenda filosófica explícita, pero sí estaban interesados en la defensa de la biología como una ciencia autónoma, no reductible a la bioquímica. De las sinergias entre estas dos tradiciones nació la filosofía de la biología institucionalizada, con sus congresos, revistas, asociaciones y cátedras.

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados

Revistas relacionadas