Choques galácticos

Nuevos hallazgos sobre las colisiones de galaxias permiten anticipar el futuro de la Vía Láctea.

[RON MILLER]

En síntesis

Estudiar las colisiones de galaxias nos ayuda a entender la historia del cosmos y a visualizar el futuro de la Vía Láctea, que acabará chocando con su galaxia vecina Andrómeda.

Esas fusiones, que pueden detectarse gracias a su intensa emisión infrarroja, provocan brotes de formación estelar y alimentan los agujeros negros supermasivos del centro de las galaxias.

Los científicos buscan comprender mejor tales procesos y sus efectos sobre la evolución de la galaxia recién formada por medio de observaciones detalladas y simulaciones de alta resolución.

En unos 5000 millones de años, cuando el Sol se expanda y se convierta en una gigante roja con un radio similar al de la órbita terrestre, nuestra galaxia chocará con su gran vecina más próxima, Andrómeda. A medida que la gravedad junte ambas galaxias, las estrellas se verán arrancadas de sus órbitas y formarán colas espectaculares, mientras el gas y el polvo se estiran hacia el núcleo del otro objeto. Con ello, desaparecerán los imponentes brazos espirales que han existido durante casi tres cuartas partes de la historia del universo.

Los centros de ambas galaxias terminarán fusionándose, y la ingente cantidad de gas que caerá hacia allí desatará una explosión de formación estelar, que producirá estrellas a un ritmo más de cien veces superior al que presenta hoy cualquiera de las dos galaxias. Ese gas también alimentará los ahora tranquilos agujeros negros supermasivos que albergan las galaxias en sus centros. Dichos agujeros crecerán, liberando una tormenta de partículas energéticas y radiación que eclipsará el brillo conjunto de todas las estrellas de ambas galaxias, y caerán en espiral el uno sobre el otro. Tras otros cien millones de años, ambos acabarán por fundirse en un único agujero, en un cataclismo que enviará ondas gravitacionales a través del espacio.

Pese a su espectacularidad, este proceso (que hoy ocurre en otros lugares y era aún más frecuente en el universo primitivo) no es una «colisión» propiamente dicha. Y es que las galaxias son en su mayor parte espacio vacío: los aproximadamente 300.000 millones de estrellas de una galaxia como la Vía Láctea están separadas, en promedio, por unos cinco años luz. La densidad del aire al nivel del mar es casi 100.000 billones de veces mayor que la densidad media del gas en el medio interestelar. En otras palabras, aunque una fusión constituye un suceso transformador en la vida de una galaxia y una inmensa fuente de energía, la mayoría de las estrellas de ambos cuerpos simplemente pasan cerca sin tocarse.

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