Luz en la noche polar

Los crustáceos del Ártico siguen los ritmos circadianos aun sin sol.

Krill ártico. [JONATHAN COHEN]

Durante el invierno en el Ártico, el sol desaparece varias semanas bajo el horizonte en la larga «noche polar». Pero ahora nuevas investigaciones revelan que los crustáceos diminutos de ese océano mantienen de algún modo el ritmo diario durante los largos períodos de oscuridad. 

La mayoría de los procesos biológicos y los comportamientos de los seres vivos están pautados por la luz solar. Por eso la desaparición del orto y del ocaso supone un problema, más aún si uno habita bajo la superficie del mar, donde el agua atenúa la poca luz que incide. Pero el krill ártico, el diminuto crustáceo con aspecto de camarón que constituye una importante fuente de alimento para la fauna marina, ha desarrollado una ingeniosa adaptación para mantener sus hábitos durante la noche polar. Incluso bajo el agua es capaz de detectar variaciones ínfimas de la luz celeste conforme el astro rey se desplaza por debajo del horizonte, según un trabajo publicado en PLOS Biology

«Los relojes biológicos del cuerpo anticipan lo que va a suceder, como la sensación de hambre que aparece cuando se acerca la hora de comer», explica el biólogo marino de la Universidad de Delaware Jonathan Cohen, autor principal del nuevo estudio. El comportamiento del krill hace patente que en la noche polar hay luz suficiente para mantener ese cronómetro biológico en ciertos animales. 

Cohen y sus colaboradores estudiaron la especie de krill Thysanoessa inermis en el laboratorio y en su hábitat natural del Ártico, frente al archipiélago de las Svalbard. No solo constataron que es capaz de percibir variaciones mínimas de la tenue luz, sino que la actividad eléctrica de sus ojos se intensifica por la noche, un indicador del aumento de la fotosensibilidad. Y eso no es todo: además coordina sus desplazamientos a lo largo de la columna de agua tomando como referencia las débiles variaciones de la luminosidad, de modo que asciende a la superficie en busca de alimento en las horas de oscuridad absoluta y se sumerge en las profundidades durante las más «brillantes» para eludir a los depredadores. Cohen matiza que hasta el momento no se conocen muchos animales que ajusten su reloj biológico con intensidades de luz tan bajas, como las moscas o los ratones. 

No están seguros todavía de por qué el krill sigue nadando arriba y abajo durante las noches más oscuras. Emma Cavan, bióloga marina del Colegio Imperial de Londres que no ha participado en el estudio, explica que «sin luz no hay producción primaria ni floraciones de algas, así que no hay nada que comer. Por lo tanto, el motivo que les impulsa a ascender hasta la superficie sigue siendo uno de los grandes misterios de las migraciones verticales.»

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