Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Noviembre de 2011
Ciudades

Saber urbano

La ciudad como clave para afrontar los problemas de nuestro tiempo.

PEDROJPEREZ/MORGUEFILE

Resulta difícil determinar con precisión el momento en que el centro de gravedad del mundo se desplazó. Los humanos llevaban miles de años viviendo en entornos rurales. Trabajaban en granjas y aldeas, apenas sabían nada más allá de sus familias o vecinos más próximos y, por lo general, se las arreglaban solos. Lentamente, comenzaron a congregarse. Ocurrió primero en Mesopotamia y Egipto; después, en Grecia y Roma, y más tarde, en el resto de Europa y en América. Los últimos años han visto un rápido crecimiento en África y, de manera espectacular, en Asia. En 2008, según las Naciones Unidas, la balanza cayó del otro lado: por primera vez en la historia, la mayor parte de la humanidad habitaba en ciudades.
El hito en sí no reviste tanta importancia como la tendencia. Durante el siglo xx, la población urbana se decuplicó: de 250 millones, creció hasta los 2800. Según los pronósticos de las Naciones Unidas, en los próximos decenios el número de habitantes urbanos continuará aumentando. Se estima que en 2050 la población mundial superará los 9000 millones, 6000 de los cuales residirán en ciudades.
Para muchos pensadores por lo demás brillantes, como Thomas Jefferson, Frank Lloyd Wright o Gerald Ford, las ciudades han sido sinónimo de pobreza, delincuencia, contaminación, congestión e insalubridad. Durante los últimos años, sin embargo, tal opinión ha ido cambiando al compás de la demografía. Numerosos expertos han comprendido que el habitante de la ciudad se halla a menudo en una posición ventajosa. Nadie desdeña los problemas inherentes a la vida urbana; como podemos ver hoy en algunas de las regiones más pobres de África o Asia, las metrópolis pueden engendrar también grandes dosis de sufrimiento. Pero incluso en los asentamientos chabolistas existen beneficios imposibles de hallar en una granja o una aldea. Para muchas mujeres, la migración del campo a la ciudad ha supuesto una transformación considerable de su modo de vida. Kavita N. Ramdas, del Fondo Global para la Mujer, señala en Whole Earth discipline («La disciplina de toda la Tierra»), de Stewart Brand: «En la aldea, lo único que puede hacer una mujer es obedecer a su marido y a sus parientes, moler mijo y cantar. En la ciudad puede conseguir un empleo, emprender un negocio y lograr educación para sus hijos».

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.