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El shock y sus causas

La investigación reciente abre nuevas vías para el tratamiento de este descenso de la presión arterial que a menudo resulta letal.

Ojos vidriosos y la mirada perdida. Cualquiera que sea su causa - un ataque cardíaco, un accidente de tráfico, una infección bacteriana grave - , el shock preludia a menudo la muerte del sujeto catatónico. Sólo en EE.UU., cada año medio millón de personas caen en ese estado de shock súbito. La mitad de ellos mueren. Para varios millones más, constituye la última etapa de una enfermedad terminal. La raíz del shock se encuentra en una bajada de la presión arterial, que da lugar a una insuficiencia circulatoria, es decir, a una reducción del volumen de sangre que llega a los tejidos. Esta alteración se torna fatal cuando la anoxia daña de forma irreversible el cerebro y otros órganos vitales. Pueden tomarse varias medidas para conjurarlo antes de que sea demasiado tarde; pero no es infrecuente que fallen, en particular si el shock se debe a una infección incontrolada.

Ante tales efectos devastadores y su prevalencia, los expertos se afanan por desarrollar tratamientos más eficaces. Pese a las esperanzas iniciales, varias de las moléculas candidatas a convertirse en fármacos han fracasado en los últimos años. Sin embargo, un hallazgo reciente, fortuito, nos ha llevado a una terapia prometedora. Si bien el medicamento en cuestión no evita el shock, sí permite aliviar a millares de víctimas de éste. Con suerte, nuestro planteamiento y el de otros podrían augurar una nueva etapa terapéutica.

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