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Actualidad científica

  • 20/02/2019 - Geología

    Un corrimiento de tierras que vaporizó la roca

    Un terremoto hizo que una gigantesca cantidad de material rocoso se deslizase. Se generaron entonces unas temperaturas extremas.

  • 20/02/2019 - Métodos de investigación

    Cuando se paga la participación en un estudio, algunas personas mienten

    Entre el 10 y el 23 por ciento de candidatos para participar en una encuesta remunerada no dicen la verdad para que se les elija. Al parecer, la cantidad de dinero no importa.

  • 19/02/2019 - Paleontología

    ¿Acabaron los tiburones blancos con los megalodontes?

    Por desgracia, los megalodontes solo existen ya en el cine. Sigue, sin embargo, sin estar claro por qué se extinguieron aquellos tiburones gigantes. La datación de los fósiles apunta una nueva causa.

  • 19/02/2019 - Psiquiatría

    Revertir la depresión, pero solo en machos

    En ratones, la deleción de una proteína, en determinadas neuronas, favorecería la aparición de conductas depresivas. En cambio, su activación revertiría el efecto. Para sorpresa de los investigadores, dichas alteraciones de comportamiento únicamente se observaron en roedores de sexo masculino

  • 18/02/2019 - Sociología de la ciencia

    La influencia del prestigio en la difusión de las ideas

    Un modelo inspirado en el contagio de enfermedades infecciosas muestra que las ideas que se originan en instituciones prestigiosas llegan más lejos que otras igualmente buenas pero que nacen en centros más modestos.

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  • Investigación y Ciencia
  • Junio 2004Nº 333

Cosmología

La constante de Hubble y el universo en expansión

El valor de H0, la velocidad de expansión del universo, podría, merced a su refinamiento reciente, allanar el camino de la investigación cosmológica.

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Quizá sea yo la única astrónoma que se haya quedado encerrada en una especie de jaula en lo más alto de un gran telescopio. Fue en la cumbre del Mauna Kea, a más de 4000 metros de altura. Hace veinte años, antes de que pasáramos las noches en cálidas salas de ordenadores, los astrónomos observábamos en pequeñísimos cubículos situados en el foco primario de los telescopios gigantes. Aunque las largas noches de invierno eran insoportablemente frías, contemplábamos hermosas vistas del oscuro cielo nocturno y escuchábamos música con auriculares mientras registrábamos imágenes y espectros de nuestros blancos celestes. Una noche, terminada la sesión, un ascensor se quedó atascado y no pude abandonar la jaula. No fue un inconveniente menor: el lavabo más cercano quedaba doce metros más abajo y yo estaba, no fue muy agradable, embutida en un doble mono de esquí. Pasaron siete horas antes de que un grupo de ingenieros subiera desde el nivel del mar, trepara por la cúpula del telescopio y liberara el ascensor con una palanca. ¿Por qué nos sometíamos los astrónomos a tales estrecheces?

Como cosmóloga dedicada a la observación, puedo decir que las satisfacciones compensan con creces las incomodidades ocasionales. Pretendemos entender la formación y la evolución del universo. Para ello, recurrimos a observaciones y experimentos que como respuesta nos proporcionan números: los valores de los parámetros cosmológicos. Aprendemos así acerca del universo: cuánta materia contiene, si está curvado o es plano, incluso cómo acabará quizá. Para comprender el significado de estos números y el porqué de que se persiga su determinación, se requiere un breve repaso de la historia.

La moderna ciencia de la cosmología se basa en la relatividad general —la teoría de la gravitación de Albert Einstein—, cuyas ecuaciones describen el comportamiento global de la materia, la energía y el espaciotiempo. Algunas soluciones de estas ecuaciones, especialmente las encontradas por el matemático ruso Alexander Friedmann en el decenio de 1920, sugieren que el universo nació de una «gran explosión» (big bang) en un estado muy denso y caliente. Desde entonces se ha estado expandiendo. La dinámica de la expansión se expresa mediante las ecuaciones de Friedmann, que describen la evolución del universo según su densidad y geometría. Su aplicación exige que sepamos el valor de algunos parámetros que contienen: H, el parámetro de ­Hubble, que define el ritmo de la expansión; Ωm, la densidad de masa del universo; y Ωk, la curvatura del universo. La ecuación no determina sus valores. Hay que medirlos.

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