Tormentas espaciales

Las ondas de choque del Sol pueden desencadenar grandes turbulencias en el espacio que rodea la Tierra, poniendo en peligro la integridad de los satélites y los astronautas. Una nueva sonda estudia la evolución dinámica de las tormentas espaciales.

La tempestad comenzó en una fecha recordada por sucesos violentos de otra índole: el día en que se conmemora la toma de la Bastilla, detonante de la Revolución francesa. En la mañana del 14 de julio de 2000, el Centro del Medio Espacial en Boulder, Colorado, recibió una señal de aviso procedente del satélite GOES-8, que realiza un seguimiento de los rayos X del Sol así como de las condiciones climáticas en la Tierra. A las 10:03 de tiempo universal (TU) los investigadores observaron un pico muy brillante en la intensidad de los rayos X provenientes de la región activa 9077, una zona de la superficie solar que se había mostrado agitada desde hacía una semana. Los datos indicaban el comienzo de una fulguración solar, un corto y potente estallido de radiación.
La fulguración alcanzó su máxima intensidad a las 10:24 TU. Lo percibió también el Observatorio Heliosférico Solar (SOHO), un satélite estacionado entre el Sol y la Tierra, a unos 1,5 millones de kilómetros de nuestro planeta. Media hora más tarde, tal y como la fulguración avisaba, SOHO detectó algo mucho más amenazador: una nube brillante que se expandía y envolvía al Sol como un halo. Se trataba de una eyección de masa coronal (EMC), una erupción en la corona -la atmósfera externa del Sol- que arrojaba al espacio interplanetario miles de millones de toneladas de partículas cargadas de electricidad. El aspecto del halo indicaba que las partículas se dirigían hacia la Tierra, a una velocidad estimada de 1700 kilómetros por segundo.

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