Las máquinas omnipresentes

Mediante diminutos sensores podremos auscultar el mundo físico del mismo modo que Internet cartografía el ciberespacio.
CHRISTOPH NIEMANN
A principios de 2009, Hewlett-Packard anunció el lanzamiento del Sistema Nervioso Central para la Tierra (CeNSE, por sus siglas en inglés), un ambicioso proyecto en el que en diez años se repartirían por todo el planeta hasta un billón de sensores diminutos como tachuelas. Los técnicos dicen que la información recopilada por esta omnipresente red sensorial podría cambiar nuestro conocimiento del mundo real con igual profundidad que Internet ha transformado la actividad comercial. Nos encontramos ahora como en los albores de la Web pero con percepciones de ámbito universal, lo que deja entrever una asombrosa y ya próxima revolución.
La proliferación de minúsculos sensores versátiles que generen datos adecuados para el examen y el procesamiento informático irá mucho más allá de la simple comprensión de la naturaleza. Por citar ejemplos, los edificios podrían gestionar la energía que consumen; los puentes, avisar de que necesitan reparación urgente; los automóviles, vigilar la situación del tráfico y detectar puntos conflictivos, y los sistemas de seguridad doméstica distinguir entre las pisadas de un intruso y las del perro.

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