A los abejorros les gusta jugar

Su habilidad para jugar con bolitas de madera plantea preguntas sobre la vida interior de los invertebrados.

Un abejorro marcado con una etiqueta interacciona con bolas de distintos colores. [Richard Rickitt]

Un experimento reciente ha demostrado que a los abejorros les gusta «jugar» con diminutas bolas de madera. Es la primera vez que se graba a un insecto que actúa movido por pura diversión.

Cuando los animales adoptan repetidamente un comportamiento que no les proporciona alimento, refugio u otro beneficio inmediato, lo más seguro es que estén jugando. El juego con objetos inanimados es común en los animales, aunque la mayoría de los ejemplos conocidos son de mamíferos y aves, sin que hasta ahora se haya documentado este comportamiento en insectos.

El juego es una pieza del rompecabezas que hay que tener en cuenta a la hora determinar si un grupo de animales es sintiente, es decir, si sus miembros tienen sentimientos y experiencias internas. Los científicos consideran que los mamíferos, las aves y, cada vez más, los cefalópodos y los peces son seres sintientes. «Con el tiempo, esto puede decirnos algo más sobre si los insectos también lo son», explica Samadi Galpayage, estudiante de posgrado del grupo de Lars Chittka, en la Universidad Queen Mary de Londres, y autor principal del nuevo estudio sobre abejorros, publicado el pasado octubre en Animal Behaviour.

En 2017, Chittka y su equipo enseñaron a los abejorros a hacer rodar bolas a cambio de un premio azucarado. En la nueva investigación, Galpayage, Chittka y su equipo eliminaron la recompensa para determinar si esa actividad era una forma de juego. En primer lugar, crearon un sistema que permitía a los abejorros avanzar por un camino sin obstáculos hacia una zona donde había una solución de sacarosa. A lo largo del camino, los investigadores colocaron pequeñas bolas de madera de distintos colores, algunas fijadas al suelo y otras sueltas. Los abejorros podían acceder a la sacarosa sin necesidad de interactuar con las bolas.

Durante 54 horas, el equipo observó cómo los 45 abejorros del experimento realizaron, en conjunto, 910 rodamientos de las bolas. Algunos volvieron a cogerlas una y otra vez, moviéndolas de distintas formas. El equipo descubrió que jugaban y se alimentaban en diferentes momentos y con una frecuencia también desigual, lo que indicaba que tenían distintas motivaciones para ambas acciones. Quienes más interesados estaban en hacerlas rodar fueron los abejorros más jóvenes y los machos.

En un experimento posterior, entrenaron a los abejorros para que asociaran esa actividad con un determinado color de una cámara. La mayoría eligió entrar en la cámara de ese color incluso cuando estaba vacía.

Según Galpayage, aunque estos resultados demuestran la existencia de un comportamiento lúdico, el estudio no aclara cuál es la motivación subyacente, si es que hay alguna. Para saber si los insectos juegan por placer, por ejemplo, habría que analizar qué neurotransmisores se activan mientras ruedan las bolitas.

Olli Loukola, ecólogo del comportamiento de la Universidad de Oulu, en Finlandia, que dirigió el trabajo sobre el rodamiento de bolas en 2017 pero no participó en el nuevo estudio, también se pregunta por la función última de este comportamiento. El interés por mover objetos podría deberse a una «necesidad innata de desarrollar habilidades motoras», apunta.

Con independencia de cuál sea la función del juego, estas investigaciones pueden ayudar a determinar si una especie es sintiente, afirma
Heather Browning, experta en bienestar animal y filósofa de la Universidad de Southampton.

«Todavía desconocemos cuál es la relación entre la sintiencia y los diferentes comportamientos», señala Browning, que tampoco participó en el estudio. Las pruebas sobre la existencia de muchos rasgos, como el comportamiento lúdico, la estructura compleja del cerebro y la capacidad de aprendizaje «aumentan la probabilidad
de sintiencia».

Este artículo apareció publicado en la sección de Actualidad Científica el 3 de noviembre de 2022.

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