Armas radiactivas

Difundirían polvo radiactivo por las ciudades; cundiría el pánico, aumentaría el número de casos de cáncer y se necesitarían costosas descontaminaciones.
La explosión y la gran llamarada que la sigue son terribles, pero la mayoría de los residentes en el edificio están ausentes, en su trabajo; nadie resulta gravemente herido. Un desfile de coches policiales, ambulancias y camiones de bomberos se sube a los bordillos, acompañado de destellos de luces y resonar de sirenas. Los equipos de emergencia zigzaguean rápidamente entre fragmentos de escombros humeantes y se preparan para entrar en el edificio atacado.
De golpe, destella en el cuadro de sensores de un camión de bomberos una luz de alarma. "¡Los detectores de radiación se han disparado!", exclama el conmocionado jefe de bomberos. "¡Parece una bomba sucia!" La actividad cesa bruscamente y la alarma se extiende entre el personal de los distintos equipos. Lo que parecía un incendio normal es en realidad un ataque terrorista con un arma radiactiva.

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