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1 de Diciembre de 1989
Genética

El huso mitótico

Se empieza a esclarecer la forma en que esta máquina biológica en forma de huso parcela el ADN de una célula en división en dos grupos iguales. El huso demuestra ser tan dinámico cuan preciso.

Para que un organismo se desarrolle, repare los tejidos dañados y se reproduzca, sus células deben proliferar, lo que se realiza en dos etapas. Primero, la célula paterna crece; sintetiza el material necesario para dos de ellas dentro de una sola membrana celular, incluyendo un duplicado de cada cromosoma, o hebra de doble cadena de ADN, en el núcleo. A continuación, la célula se divide.

La división empieza con el proceso de la mitosis, donde los cromosomas previamente duplicados (y, por consiguiente, los genes que transportan) se separan en dos paquetes iguales y bien segregados. La mitosis asegura que, cuando el resto de la célula se divida, en un proceso llamado citocinesis, cada célula hija contendrá la información genética necesaria para crecer y dividirse. Dado que la separación precisa de los cromosomas es decisiva para la capacidad de las células hijas de sobrevivir y reproducirse, muchas generaciones de investigadores han intentado descubrir el proceso en que se lleva a cabo. Ese empeño ha conocido éxitos y fracasos.

Hace más de 100 años se identificaron los caminos que siguen los cromosomas cuando se mueven hacia los polos opuestos de la célula paterna. Descubrióse que los movimientos estaban determinados, en gran parte, por un extraordinario sistema de fibras conocido, en razón de su forma, por huso mitótico. Quizá la manera más clara de poner de manifiesto la importancia del huso sea a través de los efectos que produce su ausencia: si experimentalmente se bloquea el desarrollo del huso, los cromosomas se desplazan muy poco y la segregación en dos grupos distintos fracasa.

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