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Atravesar la barrera hematoencefálica

Unas diminutas burbujas facilitarían la entrada en el cerebro de medicamentos esenciales.
LONDON_ENGLAND/FOTOLIA
La barrera hematoencefálica, una densa capa de células estrechamente unidas que recubren los capilares del cerebro como si de un regimiento de infantería se tratara, siempre ha constituido un obstáculo para la neurología. Si bien es cierto que esta línea de defensa protege al cerebro de cualquier sustancia potencialmente dañina, también impide el paso de la mayoría de los medicamentos. Desde hace decenios se ha intentado suprimir la barrera durante el tiempo suficiente para que los fármacos contra el alzhéimer, el párkinson o los tumores la atraviesen. Ahora, los investigadores afirman haber realizado algún avance.
El nuevo método utiliza microburbujas, pequeñas burbujas formadas a partir de un gas rodeado por una rígida celda de lípidos. Diversos científicos de Harvard, el Instituto Tecnológico de Massachusetts, Columbia y otras instituciones están desarrollando formas de inyectar las burbujas en el torrente sanguíneo y guiarlas mediante ultrasonidos hacia la barrera hematoencefálica. Después, las burbujas abren la barrera en puntos específicos indicados por el rayo de ultrasonidos. Una vez rota la barrera, se inyectan en el paciente nanopartículas recubiertas por medicamento y dotadas de carga magnética; se utilizan luego rayos de resonancia magnética para guiarlas hacia el lugar necesario. Hasta el momento, los estudios en roedores han demostrado que el empleo de ultrasonidos y microburbujas aumenta hasta el 20 por ciento la cantidad de medicamento antitumoral o contra el alzhéimer que alcanza el cerebro.
Las microburbujas constituyen solo la última y más prometedora de las ideas recientes que buscan resolver el problema de la barrera hematoencefálica. Otros proyectos contemplan la inserción de un catéter en los capilares del cerebro y el diseño de una serie de medicamentos que «engañen» al cerebro para poder acceder a él.
Parece que las microburbujas resultan menos invasivas y más eficientes que otras soluciones. Sin embargo, todavía deben superarse algunas dificultades. La principal consiste en aumentar la intensidad de los ultrasonidos para que la técnica funcione en humanos sin provocar daños en sus tejidos.

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