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1 de Abril de 2011
Antropología

Las dos caras del tiempo

En el antiguo Egipto no se percibía el tiempo como una magnitud ordenada que transcurría hacia el futuro, sino como un fenómeno dotado de dos aspectos: la repetición cíclica y la duración eterna.

ANDRE KLASSEN/FOTOLIA

El hoy pertenecerá mañana al pasado. Ya en el siglo v a.C., Heráclito formuló lo siguiente: «En el mismo río entramos, pero no es siempre el mismo». Lo transitorio engendra tiempo, el cual exhibe una dirección. En vista de que podemos rememorar lo que ha ocurrido pero no lo que acontecerá, y dado que cada fenómeno aparece como consecuencia de alguna causa anterior, dividimos el tiempo en pasado, presente y futuro. Dicha clasificación queda patente en el sistema verbal de la mayoría de las lenguas indoeuropeas. Nos resulta tan obvia que la consideramos universal.
Otras culturas, sin embargo, percibían el tiempo de manera diferente. Entre ellas se encontraba la de los antiguos egipcios. Al igual que nuestras lenguas reflejan la tríada formada por el pasado, el presente y el futuro, en el antiguo Egipto la concepción del tiempo se dividía en el neheh y la djet. Estas palabras no hacían referencia a dos fases separadas, sino a dos aspectos que, en conjunto, representaban al tiempo como un todo: indicaban sucesos temporales o hechos concluidos («perfectivo») o inacabados («imperfectivo»). Con el aspecto perfectivo se correspondía la djet, el tiempo de duración invariable de lo consumado. En la Biblia, Dios es alabado con las palabras «mil años a tus ojos son un ayer que pasó» (Sal 90). Por su parte, en dos himnos egipcios podemos leer: «la djet se encuentra ante tus ojos [Amón] como el día que ayer pasó». Por otro lado, el aspecto imperfectivo lo representaba el neheh, el tiempo entendido como un movimiento circular de días, meses, estaciones, años y períodos mayores que siempre volvían hasta completar el período de Sothis, de 1460 años.

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