Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

¿Se acabaron los genios?

Nuestras universidades siguen ancladas en modelos organizativos obsoletos, lejos de la interdisciplinariedad que exigen los retos científicos actuales.

NET-EFEKT/EVERYSTOCKPHOTO

En síntesis

España

La idea del científico como un genio solitario todavía forma parte del imaginario colectivo. Sin embargo, hace ya decenios que esta imagen no se corresponde con la realidad, sobre todo en el campo de las ciencias experimentales y, en particular, en el de la química, el que mejor conozco. El extraordinario desarrollo de la ciencia en el siglo XX trajo consigo la aparición de una nueva estructura básica en la que el científico desarrollaba su actividad: el grupo de investigación.

Por otro lado, la labor de los investigadores se ha visto condicionada por la progresiva especialización. Ello ha sucedido con todas las ciencias. Durante el siglo XX, la química se subdividió en cuatro grandes áreas: analítica, física, inorgánica y orgánica. Ello afecta no solo a la estructura organizativa de nuestras universidades, sino también a los planes de estudio. La famosa «adaptación al espacio europeo» (el proceso Bolonia) ha sido en nuestras universidades un ejercicio sobre cómo se enseña, pero no sobre otra cuestión fundamental: ¿qué se enseña?. El respeto de la subdivisión en cuatro áreas, que en nuestro país se llaman «de conocimiento» pero que son también «de repartimiento» puesto que articulan la distribución de todo tipo de recursos en las universidades, ha sido un tema tabú.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.