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1 de Agosto de 1997
Tendencias en física

La frontera entre lo cuántico y lo clásico

Gracias a unos experimentos recientes se empieza a ver cómo da paso el extraño mundo de la mecánica cuántica al macroscópico de la vida diaria.

COMPOSICIÓN DIGITAL DE JEFF BRICE, CORTESÍA DE MATTHIAS FREYBERGER, UNIVERSIDAD DE ULM

"Siento haber tenido que ver con la teoría cuántica", se lamentaba Erwin Schrödinger, según dicen, ante un colega suyo. El físico austríaco no se compadecía del destino de su hoy famoso gato, al que, figuradamente, encerró en una caja con una ampolla de veneno en 1935. Lo afirmaba por las extrañas consecuencias de la mecánica cuántica, la ciencia de los electrones, los átomos, los fotones y demás entes submicroscópicos. Con su felino quiso Schrödinger iluminar este problema: según la mecánica cuántica, las partículas saltan de un punto a otro, ocupan varios lugares a la vez y parece que establecieran comunicaciones a una velocidad superior a la de la luz. Entonces, ¿por qué los gatos —o los balones de fútbol, los planetas, las personas, qué más da— no hacen lo mismo? Al fin y al cabo, están hechos de átomos y, en cambio, obedecen las predecibles leyes clásicas que cuantificó Isaac Newton. ¿Cuándo da paso el mundo cuántico a la física de la vida diaria? "Esa es la pregunta del millón", apostilla David Pritchard, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

Pritchard y otros físicos experimentales han empezado a explorar la frontera que separa el reino cuántico del clásico. En 1996 se crearon gatos de Schrödinger a muy pequeña escala enfriando partículas con haces de rayos láser o lanzándolas por cavidades especiales. Estos "gatos" eran electrones y átomos sueltos, a los que se hizo que estuvieran en dos lugares a la vez, y campos electromagnéticos, a los que se excitó para que vibraran simultáneamente de dos formas diferentes. No sólo nos están enseñando con qué facilidad lo extraño da paso a lo familiar, sino que son vivos ejemplos de una barrera que se interpone ante la computación cuántica, técnica todavía conjetural en muy buena medida, con la que se podrían resolver, según creen algunos, problemas hoy de imposible dificultad.

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