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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Junio 1985Nº 105

Ingeniería

La turbina de vapor de Parsons

Inventada en 1884 por Charles A. Parsons, hijo de un aristócrata científico, revolucionó la navegación y la generación de energía eléctrica. Todavía están en uso muchas innovaciones que introdujo.

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A finales de la última centuria la revolución industrial había alcanzado una fase decisiva. A lo largo del siglo y medio anterior, las máquinas de vapor habían posibilitado el empleo de energía química de algunos combustibles en múltiples ingenios mecánicos. Por señalar uno de sus usos más importantes, la máquina de vapor se había coaligado con otro avance técnico, la dinamo eléctrica, permitiendo la obtención de grandes flujos de energía eléctrica. Con la demanda de energía aumentaba también el tamaño de las máquinas de vapor, hasta que empezaron a frisar sus limitaciones mecánicas. Si el desarrollo industrial debía continuar, era necesaria una nueva fuente de energía.

En 1884, Charles Algernon Parsons proporcionó esa fuente desarrollando el primer turbogenerador práctico del mundo. Dedicó los diez años siguientes a la aplicación de su invención al transporte; años de intenso trabajo que fueron coronados por el éxito cuando el Turbinia, su barco impulsado por turbinas, alcanzó la velocidad de 35 nudos. Una velocidad considerablemente mayor que la máxima de cualquier embarcación de la Royal Navy de esa época. Las turbinas eran más compactas que las máquinas de vapor de pistones, o alternativas, y más simples. Por tanto, conforme crecieron en tamaño y rendimiento, fueron sustituyendo a los anteriores tipos de máquinas. Las turbinas constituyen hoy la mayor fuente de energía eléctrica del mundo, aunque el avance del motor diésel acabara con el monopolio en la propulsión de barcos de pasajeros que ostentaron durante la primera mitad de nuestro siglo. La turbina de vapor actual incorpora todavía características desarrolladas por Parsons en 1884.

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