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1 de Junio de 1985
Vulcanología

Los puntos calientes de la Tierra

Estas plumas de roca caliente que ascienden desde la profundidad del manto son una pieza clave en el ciclo de la tectónica de placas. Los volcanes y las mesetas mesoceánicas nos hablan de su existencia.

Desde la profundidad del interior del manto terrestre, delgadas columnas de roca caliente suben lentamente hacia la superficie; en su avance, empujan la corteza y forman volcanes. Las plumas se distribuyen por doquier, bajo continentes y océanos, lo mismo en el centro de las placas que forman la capa externa de la Tierra que en las cadenas mesoceánicas, que separan dos placas. El rastro que dejan en la superficie se superpone a los grandes efectos causados por el movimiento de las placas. Las erupciones volcánicas y los terremotos asociados a las plumas se desarrollan lejos de los límites de las placas, lugares habituales de esta suerte de actividad. Las corrientes ascendentes crean también amplios abombamientos anómalos en el fondo oceánico y en la superficie de los continentes. Estas zonas singulares de actividad geológica se conocen por puntos calientes.

Sobre las plumas del manto, bastante estacionarias, derivan las placas de la corteza. El paso de una de éstas sobre un punto caliente crea frecuentemente la alineación de rasgos superficiales cuya distribución revela la dirección que la placa ha seguido en su movimiento. Si se trata de una placa oceánica, la trayectoria del punto caliente puede estar representada por una cadena volcánica continua o por una cadena de islas volcánicas y montes submarinos, que se alzan sobre el fondo oceánico circundante. Las islas Hawai constituyen el ejemplo más claro. A raíz de una visita a estas islas, J. Tuzo Wilson, de la Universidad de Toronto, proponía en 1963 la idea de puntos calientes.

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