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  • Investigación y Ciencia
  • Enero 1994Nº 208
Perfiles

Bioquímica

Frederick Sanger: El descubrimiento de la secuencia oculta

Entrevista y esbozo biográfico.

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Cabría esperar que un ganador de dos premios Nobel sumase fondos para un laboratorio de renombre mundial, diese conferencias a rendidos admiradores y cobrase derechos de autor por una novela de éxito, y de esta manera pasase sus días. Pero Frederick Sanger no busca ni fama ru fortuna. El hombre que puso los cimientos de la bioquímica moderna lleva una vida apacible en Swaffham Bulbeck, donde cuida su jardín de narcisos y ciruelos. "Me parece que a Sanger no se le ha considerado tanto como a otros, y que en parte se debe a lo discreto que es", dice Alan R. Coulson, que colaboró con él durante 16 años en el laboratorio MRC de Biología Molecular, en Cambridge.

Hace cuarenta años, Sanger desentrañaba la primera estructura completa de una proteína. Luego, en los años setenta, elaboró una técnica para descifrar el código genético. "Se merece los dos premios Nobel", sostiene el bioquímico G. Nigel Godson, del hospital clínico de la Universidad de Nueva York. "Llevó a cabo él solo dos revoluciones en la biología." Además, dice con orgullo Coulson, ha sido Sanger quien ha sentado buena parte de las bases del Proyecto Genoma Humano.

Sanger domina el arte de no darse importancia, tanto en su porte como en su actuar; rehúye toda afectación. Nació en el seno de una familia acomodada. Su abuelo hizo una fortuna en el negocio del algodón, y la heredó su madre, Cicely. De pequeño, a Frederick le fascinaba la naturaleza, y recogía de todo, piedras, insectos. De mayor quería ser médico, como su padre, que también se llamaba Frederick. Mas aunque al joven Sanger le encantaba la ciencia de la medicina, no le interesaban ni diagnósticos ni curas.

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