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Heinrich Hertz

Sin pretenderlo, descubrió en 1887 las ondas hercianas. Ellas han revolucionado las comunicaciones planetarias y el objeto de la física, que pasó de los cuerpos a los campos.

Entre los diversos monumentos que inmortalizan la personalidad de Hertz, muerto hace ahora cien años, sobresale la torre de televisión dedicada "A Heinrich Hertz, hijo de la ciudad de Hamburgo". Allí nació el 22 de febrero de 1857, primogénito de una familia acomodada. Su padre, Gustav Ferdinand Hertz, fue senador y presidente de la audiencia; descendía de banqueros y joyeros judíos, procedentes de Hildesheim, que se habían convertido a la fe luterana. Su madre, Anna Elisabeth Pfefferkorn, era hija de un médico militar de Frankfurt.

A los tres años, cuenta la madre en sus Recuerdos, "Heins" le sorprendió cierto día con su prodigiosa memoria, recitándole el centenar de fábulas que ella le había ido leyendo. Desde los seis hasta la preparación para la confirmación luterana a los 15, frecuentó una escuela privada, dirigida por Wichard Lange. Los dos años siguientes recibió clases particulares en casa, preparándose para entrar en el Instituto humanístico y superar un año más tarde el examen de bachillerato. Demostraba dotes sobresalientes para todo (menos para la música y el canto). Las clases particulares en casa incluían, después de cenar, las de un maestro tornero. Con el torno profesional que sus padres le regalaron construyó sus primeros aparatos de física, entre ellos un espectroscopio.

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