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  • Investigación y Ciencia
  • Noviembre 1998Nº 266

Psicología

El desorden de hiperactividad y déficit de atención

Se trata de un trastorno del autocontrol, cuyo origen podría hallarse en la alteración de uno o de varios genes responsables del desarrollo de ciertos circuitos cerebrales.
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Observando a Pedrín, de cinco años, en la sala de espera de mi consultorio, comprendí por qué decían sus padres que en el parvulario le iba tan mal. Saltaba de un sillón a otro, agitaba los brazos, jugaba con los interruptores de la luz, encendiéndolos y apagándolos, molestando a todos, mientras parloteaba sin parar. Cuando su madre le animó a que se uniese a un grupo de otros niños que se entretenían en el cuarto de los juguetes, Pedrín quiso intervenir en un juego muy adelantado, con la consiguiente repulsa de los demás, que prefirieron dedicarse a otra cosa. Solo, y con unos cuantos juguetes, los disponía sin orden ni concierto y los trataba a batacazos. Parecía incapaz de entretenerse con tranquilidad. Así que le hube examinado más por completo, me confirmé en mis sospechas iniciales: el chico padecía el desorden de hiperactividad y atención deficiente (DHAD).
Desde los años cuarenta los psiquiatras han diagnosticado de distintos modos a los niños que son desmesuradamente hiperactivos, dispersos e impulsivos. Se ha hablado de "disfunción cerebral mínima", "síndrome infantil de lesión cerebral", "reacción hipercinética de la infancia", "síndrome del niño hiperactivo" y, más recientemente, "desorden del déficit de atención". Los cambios de denominación frecuentes reflejan la inseguridad de los investigadores ante las causas subyacentes e incluso ante los criterios precisos para diagnosticar el trastorno.

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