El tiempo en psicología

Dos siglos de estudios experimentales han demostrado la imposibilidad de establecer una correspondencia biunívoca entre el tiempo físico y el psicológico. El segundo tiene, además, una vertiente cultural y social.
Son muchas las experiencias que denotamos con el término "tiempo". Comprenden las que se refieren a la instantaneidad y la duración, la simultaneidad y la sucesión, al presente, al pasado y al futuro, a la irreversibilidad del tránsito de pasado a futuro. Otras experiencias están relacionadas de forma más o menos directa con las temporales: movimiento, velocidad, ritmo y otras. El problema radica en la aparente imposibilidad de articular semejante variedad de fenómenos en un sistema coherente.
En la historia del pensamiento se reconocen dos tendencias en la búsqueda de soluciones del problema del tiempo. La primera tiene sus raíces en Pitágoras (s. vi a.C.) y en Aristóteles (s. iv a.C.), fue desarrollada por Newton y Kant y es la que encontramos reflejada en la física de ayer y de hoy. Según esta opinión, el tiempo es un hecho natural, al que se adapta la mente. La otra tendencia, que se remonta a Plotino (s. iii d.C.) y San Agustín (s. iv d.C.), fue desarrollada principalmente por Franz Brentano y Edmund Husserl, filósofos que brillaron entre el último tercio del siglo pasado y el primero del nuestro. Según esta opinión, el tiempo es un fenómeno que pertenece a la mente; además, el tiempo al que se refieren los físicos sería una idealización de los contenidos mentales. En otras palabras: en la primera solución propuesta el devenir sería "real" (Heráclito), en la segunda "ilusorio" (Parménides).

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