Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Julio 1989Nº 154

Astronomía

La aurora dinámica

Las interacciones entre el campo magnético de la Tierra y el viento solar crean un enorme generador que produce manifestaciones luminosas. Procesos similares dominan probablemente otros fenómenos astrofísicos.

Menear

Algunos de los primeros observadores de las auroras boreales imaginaron que estas es pectaculares manifestaciones del cielo ártico debíanse a la luz del Sol refractada por la atmósfera, como sucede con el arco iris. El movimiento del aire, especulaban, provocaba las ondulaciones brillantes. Ahora sabemos que son luces emitidas a consecuencia del choque entre los electrones procedentes del Sol y los átomos y moléculas de la ionosfera. El movimiento aparente de la cortina auroral no se debe a turbulencias atmosféricas, sino a cambios en las condiciones electromagnéticas que impulsan las partículas cargadas, lo mismo que el movimiento que se muestra en una pantalla de televisión es una ilusión creada por cambios en el campo magnético que dirige los electrones desde el cañón catódico hasta la pantalla.

En el caso de la aurora, ¿qué es lo que sirve de cátodo? ¿Dónde está el suministro de potencia? ¿Por qué esa potencia parece fluctuar de cuando en cuando, haciendo que la aurora se desplace a través del cielo polar? Hace tiempo que se determinó que las emisiones aurorales ocurrían porque la ionosfera sufría el bombardeo de haces de electrones generados en una interacción compleja entre el viento solar y la envoltura magnética de la Tierra. La naturaleza geomagnética de la aurora puede verse claramente desde el espacio exterior. Una característica permanente de nuestro planeta son sendos óvalos luminosos centrados en cada uno de los polos geomagnéticos. El que rodea el polo norte es la aurora boreal. Su contrapartida sureña es la aurora austral.

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados