Colorística espacial

La superficie de la Tierra ofrece una irreproducible paleta a los observadores en órbita. La información justa de sus colores revela nuevas facetas de la naturaleza y de la visión humana.

El cosmonauta que vuela por el espacio experimenta la impresión más vívida en la contemplación de los paisajes terrestres, brillantes y llenos de color, y en la observación de las salidas y puestas de sol. Son percepciones que ninguna técnica puede reproducir, ni siquiera simular. Las fotografías y otros medios artificiales son incapaces de transmitir la riqueza de los colores o ciertas configuraciones, muy complicadas, de la superficie que el ojo humano capta.

La descripción de esos colores de brillo y exuberancia insólita que las formaciones y fenómenos naturales presentan, ha constituido, durante muchos años, parte integrante del programa cosmonáutica soviético. Desde los primeros vuelos espaciales, hemos venido estudiando en qué difiere esa visión cromática de la habitual en el suelo. Nos hemos servido también de importante información sobre la Tierra que sólo el observador humano puede adquirir. Se da el nombre de colorística espacial a la investigación de la visión humana del color durante los vuelos espaciales, el desarrollo de instrumentos para medirla, creación y refinamiento de telecolorímetros ópticos y automáticos, el estudio de las propiedades cromáticas de los objetos y fenómenos naturales y la investigación de los espectros de radiación y los errores en la percepción de las características espectrales.

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