¿Qué pueden tener en común un disco y una escobilla de limpiaparabrisas?

Póngase sobre una mesa un disco de gramófono y una lámpara. Esta ha de iluminar el disco desde el lado opuesto a nosotros. Nos hallaremos, además, en una habitación en la que no entre otra luz. Con el centro del disco más o menos equidistante de nosotros y la lámpara, mirémosle con un ojo cerrado y desde la misma altura que la bombilla. El disco se halla iluminado por completo. Pero, ¿se ve brillar toda su superficie? ¿O aparece sólo un punto luminoso, como el que veríamos en un espejo?

Ni una cosa ni la otra. Apreciaremos una suerte de bandas brillantes y estrechas que dibujan una cruz. El resto del disco aparecerá pálidamente iluminado (si no fuera por la luz que se difunde en las paredes y objetos de la habitación, quedaría a oscuras). Un brazo de la cruz corre por la línea que va de nosotros a la lámpara y el otro brazo cruza el anterior en ángulo recto [véase el dibujo superior derecho de la figura 1]. En la figura se supone que el centro del disco carece de la etiqueta habitual y que se halla también cubierto de surcos, lo mismo que el resto. Si tal fuera el caso en la realidad, veríamos en el centro una mancha más brillante.

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