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1 de Enero de 2020
Microbiología

Buscando vida en el Atacama

La exploración del desierto realizada a lo largo de los últimos quince años ha llevado al descubrimiento de vida microbiana en lugares insospechados que se hallan en el límite de la habitabilidad.

María Elena Sur, en el desierto de Atacama, es el lugar de la Tierra más seco y más parecido a Marte. Aquí la vida microbiana es tan escasa que los investigadores deben emplear trajes esterilizados para no contaminar las muestras que toman del suelo. [CORTESÍA DE A. AZÚA BUSTOS Y C. GONZÁLEZ SILVA]

En síntesis

La aridez y las condiciones extremas del desierto de Atacama lo convierten en un lugar idóneo para estudiar los límites para la existencia de la vida en nuestro planeta. Ese conocimiento, de interés científico en sí mismo, puede además orientar la búsqueda de vida en Marte.

En los últimos decenios, las campañas de campo en el desierto y los estudios de laboratorio han permitido descubrir formas de vida microbiana en lugares insospechados, como fondos de cuevas, telarañas y fragmentos de cuarzo.

En esos ambientes se ha descrito una gran diversidad de especies, entre ellas microalgas, bacterias y arqueas, que logran sobrevivir con una cantidad mínima de agua aprovechable.

Uno de nosotros (Azúa Bustos), conoce especialmente bien este increíble lugar, ya que nació y vivió durante más de veinte años en él. Su pueblo natal, Pedro de Valdivia, es ahora, como tantas otras en esta región, una aldea minera abandonada. Está situada en el valle central del desierto chileno de Atacama, conocido como el núcleo hiperárido, un lugar tan seco que hasta donde alcanza la vista en el horizonte no se ve ni una sola forma de vida. Nada, ni la más mínima brizna de hierba.

¿Realmente no hay vida en absoluto? Según el científico Ian Malcolm, personaje de la película Jurassic Park, «la vida siempre se abre camino». En el Atacama hemos comprobado que, en efecto, es así, aunque para poder observarla se necesita un microscopio. Durante los últimos quince años, hemos llevado a cabo duras expediciones de campo movidos por el afán de descubrir indicios de vida en uno de los lugares más secos e inhóspitos de la Tierra.

Cuando emprendimos nuestras investigaciones nos planteamos una pregunta principal: ¿cuál es el tipo de ambiente más árido en el que puede desarrollarse la vida? Responder a esta cuestión no solo reviste interés en sí mismo, sino que puede orientar la búsqueda de vida en Marte.

En 2007, la NASA definió la estrategia Follow the water («Seguir la pista del agua») como una forma de buscar posibles indicios de vida en el planeta rojo. Dado que toda la vida en la Tierra depende del agua para subsistir, descubrir las circunstancias y los ambientes terrestres más secos en los que esta prolifera puede ofrecernos pistas sobre qué entornos parecidos en Marte debemos explorar para encontrar posibles pruebas de vida actual o pasada. El Atacama constituye uno de los mejores lugares en la Tierra para realizar estudios en un ambiente análogo al de Marte. De hecho, la escasez extrema de agua es la razón principal por la que muchos de los instrumentos y robots ya enviados o que se planean enviar al planeta en distintas misiones se ensayen primero en este desierto.

A raíz de la pertinaz búsqueda de vida en el Atacama, nuestro equipo ha aprendido cómo esta halla las estrategias más ingeniosas y sorprendentes para adaptarse a las duras condiciones que suponen la práctica ausencia de lluvias, el predominio de suelos altamente salinos y la elevada radiación solar. Los hallazgos nos ofrecen un atisbo sobre lo que pudo ocurrir con el agua en Marte, así como el destino que habría sufrido una posible biosfera marciana primordial.

Escasez de agua

Varios factores explican la extrema aridez del Atacama, en cuyo núcleo hiperárido llueven, en el mejor de los casos, 2 litros por metro cuadrado al año. Por un lado, el aire húmedo de los valles amazónicos situados al este del desierto choca con la cordillera de los Andes (cuya altura supera allí los 6000metros) y descarga toda la lluvia en la vertiente oriental; por tanto, cuando llega a la vertiente occidental (donde se sitúa el desierto) apenas contiene humedad. Es lo que se conoce como «sombra de lluvia» o efecto Föhn. Por otra parte, las aguas frías de la corriente de Humboldt, que ascienden desde el polo sur en dirección al ecuador y bañan las costas de Chile, presentan una escasa evaporación en esta zona. Las pocas nubes (más bien neblinas) que se forman frente al Atacama son detenidas por la cordillera de la Costa (cuya altura varía entre unos 1000 y 3000 metros, aproximadamente), que bordea el desierto en la parte occidental. Finalmente, las grandes masas de aire húmedo de las regiones ecuatoriales, tras descargar sobre los extensos bosques lluviosos de esta zona, suben en la atmósfera para volver a descender, ya sin agua, justo en la latitud en la que se ubica el desierto. Todos esos factores constituyen la ecuación perfecta que condena a esta región a ser la más seca del planeta.

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