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Colombia: del conflicto a la economía verde

Después de medio siglo de guerra, el país quiere crear una economía basada en la conservación de la biodiversidad.

Los biólogos se afanan por catalogar las especies nuevas por toda Colombia. Con los datos recolectados recomiendan políticas económicas que conserven la biodiversidad, en lugar de acabar con ella. [FELIPE VILLEGAS, INSTITUTO HUMBOLDT]

En síntesis

Colombia alberga una flora y una fauna casi sin rival en el planeta. Pero, durante medio siglo, la guerra acabó con los estudios de campo y estancó el progreso científico. El tratado de paz firmado en 2016 ha abierto regiones antes inaccesibles, por lo que los biólogos se afanan en catalogar las especies inéditas.

Los investigadores del Instituto Humboldt ocupan una posición única para demostrar que la conservación de la biodiversidad es un elemento clave de la economía verde y están asesorando al Gobierno en este aspecto.

La paz ha conllevado una alarmante deforestación, por lo que el instituto promueve con urgencia una economía basada en sectores productivos como el aprovechamiento agroforestal y el ecoturismo, que traen prosperidad a las zonas rurales pero no a expensas del ambiente.

Durante toda aquella jornada se habían ido congregando sobre Cubará gruesos nubarrones que levantaron un viento polvoriento y dejaron las colinas boscosas inmersas en la penumbra y la bruma. Cuando al fin rompió a diluviar, el agua, que repiqueteaba con saña en las cubiertas de metal, desbordó las cunetas y convirtió la carretera y los caminos en torrentes. Recién llegado desde Bogotá, un equipo de biólogos no pudo hacer otra cosa que buscar cobijo bajo un porche, a la espera de iniciar lo que les había traído hasta allí: la búsqueda y catalogación de cuantas especies de aves fuera posible.

Desde 1961 no se había emprendido un censo de tal magnitud en esta remota localidad del noreste de Colombia. El principal motivo es que, hasta hace pocos años, era demasiado peligroso.

Cubará se halla en el centro de una antigua zona vedada, tristemente conocida por las frecuentes escaramuzas entre los guerrilleros, las fuerzas paramilitares y el Ejército colombiano. En 2016, el Gobierno firmó un acuerdo de alto el fuego con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el mayor grupo rebelde del país, que puso fin al conflicto más antiguo del hemisferio occidental. Aunque los disparos ya no resuenan, el recuerdo de la violencia sigue siendo demasiado reciente para mucha gente. Como el teniente alcalde de la localidad me dijo cuando nos conocimos: «La felicito por venir hasta aquí. Pocos nos visitan por miedo a lo que pueda ocurrir».

Ahora que se ha instaurado una paz frágil, Cubará, como miles de otras poblaciones colombianas, intenta volver poco a poco a la vida. El final de la lucha ha supuesto un nuevo comienzo, no solo para los pueblos ansiosos por iniciar la reconstrucción, sino también para los científicos del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, una entidad independiente sin ánimo de lucro que espera por fin catalogar el patrimonio natural del país. Flanqueada por dos continentes y dos océanos y atravesada por el ecuador y los Andes, Colombia acoge 311 reservas ecológicas, desde selvas pluviales y montañas hasta manglares y arrecifes de coral. Las especies catalogadas en su territorio suman casi las 63.000, nada menos que un 10 por ciento de la biodiversidad mundial. Solo Brasil la supera en abundancia, pero con una extensión siete veces mayor.

Esta riqueza saltaba a la vista mientras el equipo se resguardaba del aguacero. Unos siriríes comunes (Tyrannus melancholicus) revoloteaban en torno a una farola, al tiempo que unos caracoles gigantes africanos (Achatina fulica), especie invasora, se deslizaban por el porche. Un escarabajo grande como un puño correteaba, probablemente en busca de pareja, mientras un sapito del tamaño de un grano de uva se estaba dando un atracón a costa de una legión de termitas. Un extraño animal serpentiforme que el biólogo Orlando Acevedo-Charry atrapó en la calzada inundada y que, a primera vista, había tomado por una serpiente o una cecilia, acabó siendo una anguila de río marmolada (Synbrachus marmoratus).

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