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1 de Enero de 2020
Etología

Con un ojo abierto

¿Por qué adquirieron los delfines, las focas y otros animales la facultad de dormir con la mitad del cerebro despierto?

GIULIA NERI

En síntesis

Durante el sueño, los sentidos desconectan del entorno y la motricidad se reduce a una mínima expresión. Este paréntesis suscita la pregunta de por qué un animal suspende las actividades básicas del cerebro durante horas interminables, quedando por completo a merced de eventuales depredadores.

Algunos animales han resuelto este dilema adquiriendo la facultad de dormir con la mitad del cerebro mientras la otra permanece vigilante, un estado intermedio que recibe el nombre de sueño de ondas lentas unihemisférico.

La semivigilia abre una ventana fascinante al estudio del sueño. Es posible escrutar la mitad durmiente del cerebro, mientras la otra se convierte en el testigo de referencia del experimento. La investigación en esta línea podría revelar aspectos sobre los trastornos humanos del sueño.

Uno de los rasgos más sorprendentes de los seres vivos, sean animales o plantas, es el modo en que han adaptado la fisiología y el comportamiento para seguir las fluctuaciones de la luz diurna y la oscuridad nocturna. Un reloj cerebral sincronizado con indicadores ambientales genera cambios biológicos que se suceden a lo largo de ciclos de 24 horas; son los ritmos circadianos (del latín circa y diem, «aproximadamente» y «día»). De ese modo, la rotación terrestre está grabada en la dinámica de nuestros circuitos neuronales.

El ciclo de vigilia y sueño es un ritmo circadiano clásico. La vigilia se caracteriza por la actividad sensorial y la motricidad; durante el sueño, los sentidos desconectan del entorno y la motricidad se reduce a una mínima expresión. Esta pérdida periódica de consciencia queda reflejada en el trazado del electroencefalograma (EEG) de una forma clara: el sueño profundo consiste en oscilaciones lentas de gran amplitud. En cambio, la vigilia se caracteriza por oscilaciones rápidas y de baja amplitud. Numerosos aspectos del sueño escapan aún a nuestro conocimiento, empero. ¿Por qué un animal suspende durante horas toda la actividad sensorial y motriz básica, quedando así a merced de eventuales depredadores? Esta pregunta resulta más intrigante, si cabe, en los mamíferos acuáticos, que precisan regular la respiración y la temperatura corporal mientras duermen.

Algunos animales han resuelto este problema adquiriendo la facultad de dormir con la mitad del cerebro, mientras la mitad restante permanece alerta, un comportamiento que ha sido denominado sueño de ondas lentas unihemisférico. Otros se entregan a este tipo de sueño en circunstancias concretas, pero mandan los dos hemisferios a dormir cuando es preciso. Los mamíferos marinos, las aves marinas y posiblemente algunos reptiles adoptan un estado de semivigilia, pues en ocasiones mantienen un ojo abierto durante esos lapsos. En fecha reciente se ha descubierto incluso una forma vestigial de sueño unihemisférico en la especie humana.

Ese «dormir a medias» abre una ventana fascinante al estudio del sueño. Es posible escrutar la mitad durmiente mientras el lado opuesto sirve como testigo de referencia del experimento. La capacidad para medrar con una privación relativa del sueño, como los delfines y algunas aves hacen, podría aportar ideas para el tratamiento de los trastornos del sueño en la especie humana, cuyos efectos a menudo se hacen sentir más en un hemisferio cerebral que en otro.

Dormido, pero no del todo

El estudio del sueño unihemisférico dio comienzo en 1964, cuando el controvertido investigador John C. Lilly planteó que los delfines podían dormir con un solo lado del cerebro al constatar que durante su descanso diario solo mantenían un ojo cerrado. Supuso que mientras dormían, seguían vigilando y escuchando lo que sucedía en derredor. Se necesitarían experimentos posteriores para averiguar qué estaba sucediendo en el encéfalo de este cetáceo.

Los cetáceos (ballenas, delfines y marsopas) constituyen aún sujetos de estudio en el campo del sueño unihemisférico. Conservan dos rasgos fisiológicos heredados de sus lejanos ancestros terrestres: pulmones para respirar y mecanismos de termorregulación con los que mantienen una temperatura corporal casi invariable. Y parece que dormir con la mitad del cerebro ha contribuido a la conservación de esos caracteres en el medio acuático.

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