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1 de Enero de 2020
Evolución

El rostro de un australopiteco

El hallazgo reciente de un cráneo podría redibujar la filogenia humana.

Australopithecus anamensis. [DALE OMORI Y LIZ RUSSELL]

Casi 25 años después de la descripción de los primeros vestigios fósiles de Australopithecus anamensis, parece haberle llegado la hora a este ancestro olvidado. Un equipo de investigadores que trabaja en Etiopía ha descubierto un cráneo casi entero de este primitivo miembro del grupo de los homininos, del que forma parte Homo sapiens y sus parientes extintos más cercanos. Datado en 3,8 millones de años, el espécimen revela el desconocido rostro de A.anamensis, que hasta ahora solo era conocido por las mandíbulas, la dentadura y otros fragmentos óseos. Los rasgos patentes de este nuevo hallazgo indican que nuestro árbol filogenético tal vez requiera una revisión.

Para algunos, A. anamensis es el hominino más antiguo, pues algunos de sus fósiles se remontan hasta hace 4,2 millones de años. Durante años ha ocupado una posición clave en el árbol como ancestro directo de Australopithecus afarensis, considerado en general como el antecesor del género Homo, al cual pertenecemos. En virtud de la antigüedad y de las características de los fósiles, los paleoantropólogos pensaban que A.anamensis dio origen a A.afarensis a través del proceso evolutivo de la anagénesis, por el cual una especie acaba transformándose en otra. El nuevo descubrimiento pone en entredicho esa teoría.

Yohannes Haile-Selassie, del Museo de Historia Natural de Cleveland, y sus colaboradores recuperaron el cráneo en el yacimiento de Woranso-Mille, en la región de Afar, al noreste de Etiopía. Los rasgos de los dientes y las mandíbulas lo vinculan con los fragmentos conocidos de A. anamensis. El fósil nos revela un individuo de rostro prognato, caninos largos y malares marcados; el cráneo está provisto de una cresta sagital que servía como anclaje a una robusta musculatura mandibular, así como de una cavidad craneana larga y angosta que acogía un cerebro del tamaño del de un chimpancé. Los descubridores sospechan que perteneció a un macho adulto.

Y es aquí donde podría echar por tierra las ideas establecidas: a raíz de la anatomía más completa observada en el cráneo recién descubierto, el equipo de Haile-Selassie afirma que un enigmático hueso frontal craneano de 3,9 millones de años hallado en el yacimiento de Belohdelie, en la misma región de Afar, pertenece a A. afarensis. De ser cierta esta suposición, A. anamensis, conocido a partir de fósiles que abarcan una horquilla de 4,2 a 3,8 millones de años, y A. afarensis, que al parecer vivió hace entre 3,9 y 3,0 millones de años, debieron de coincidir en Afar, por lo menos durante 100.000 años. Esa contemporaneidad significa que el primero no pudo surgir de la anagénesis del segundo. En lugar de ello, A. afarensis se habría escindido de A. anamensis, que siguió conviviendo durante un tiempo con su descendiente. Esta bifurcación evolutiva, llamada cladogénesis, aparece cuando una población de una especie queda aislada de otra y ambas siguen sendas divergentes.

Sin embargo, la hipótesis que antepone la cladogénesis a la anagénesis depende enteramente de ese hueso frontal de 3,9 millones de años de Belohdelie perteneciente a A. afarensis; ningún otro resto conocido de esta especie es tan antiguo. Y con solo otro frontal de A. anamensis con el que compararlo (el del nuevo fósil), no puede descartarse que otros individuos de esta especie pudieran haber tenido una frente similar a la de Belohdelie. Solo el descubrimiento de nuevos rostros fósiles resolverá la incógnita.

<em>Australopithecus anamensis</em> [FOTOGRAFÍA DE DALE OMORI Y LIZ RUSSELL; IMAGEN COMPUESTA DE LAS MANOS SOSTENIENDO EL FÓSIL, DE JENNIFER TAYLOR Y DEL MUSEO DE HISTORIA NATURAL DE CLEVELAND]

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