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Las magistrales clases de química de Walter White

Ciencia muy real a través de la aclamada serie Breaking Bad.

THE SCIENCE OF BREAKING BAD

Dave Trumbore y Donna J. Nelson
MIT Press, 2019
264 págs.

 

Puede resultar cuando menos irónico que Walter White (interpretado por el actor Bryan Lee Cranston), protagonista de la serie revelación Breaking Bad, eligiese a un físico (Werner Heisenberg) como pseudónimo para su carrera como químico al margen de la ley. Porque si hay una ciencia protagonista de la afamada serie, es sin lugar a dudas la química. Si bien el veterano profesor de química y novel fabricante de metanfetamina es fruto de la ficción, la química que enseña y utiliza a lo largo de la serie se revela bastante real. Parte de ese mérito se debe al asesoramiento científico de Donna J. Nelson, profesora de química de la Universidad de Oklahoma que además fue presidenta de la Sociedad Americana de Química en 2016. Nelson y el escritor Dave Trumbore son los autores de este libro sobre la ciencia que subyace a la serie publicado por elInstituto de Tecnología de Massachusetts. Un texto imprescindible para descubrir la química que se esconde tras las aventuras de Heisenberg y su no siempre fiel compañero Jesse Pinkman (interpretado por Aaron Paul Sturtevant).

La presencia de la química en Breaking Bad puede detectarse desde los primeros capítulos. Ya en el segundo episodio podemos observar a Walter White explicando a sus alumnos el concepto de quiralidad a través de dos complejos de cobalto con etilendiamina, amoniaco y bromo como ligandos. Acto seguido, enfatiza a sus estudiantes la importancia de la quiralidad a través del dramático caso de la talidomida. Y en ese mismo capítulo, otro compuesto protagonizará la escena en la que una bañera donde White y Pinkman estaban descomponiendo un cadáver con ácido fluorhídrico (traducido como «ácido hidrofluórico» en la versión en castellano de la serie) se desploma desde el piso superior a la planta baja. Pinkman, asombrado de lo ocurrido, encuentra la explicación en el comentario de White, quien recrimina a su ingenuo ayudante no haber usado un bidón de plástico (teflón) para descomponer el cadáver, ya que el ácido fluorhídrico ataca la madera (como la del suelo), la materia orgánica (como la del cuerpo a descomponer) y los metales (como el arma que acompaña al cadáver).

Esta es una de las escenas analizadas por Trumbore y Nelson en el libro. Tal y como explican los autores, en la Universidad de California en Berkeley se llevó a cabo un experimento controlado en el que se simularon las condiciones de la escena: durante ocho horas se trataron con ácido fluorhídrico muestras de madera (para simular el material del suelo que, en la serie, atravesó la bañera), metales (para simular la pistola) y carne de cerdo (el cadáver). A diferencia de lo que ocurriría en la serie, ninguna de las muestras se disolvió por completo. En consecuencia, los autores explican que hubiera sido más recomendable que White y Pinkman empleasen bases fuertes para asegurar la desaparición completa del cadáver, apuntando que dicho método es el que realmente utilizan los cárteles de la droga.

Aunque dicha escena muestra una licencia con respecto a la ciencia real, no ocurre lo mismo con el resto de la serie. Tal y como ilustran Nelson y Trumbore en poco más de 200 páginas, las prácticas y conocimientos de química que exhiben White y Pinkman en los 62 episodios constituyen un buen ejemplo de apropiación de la ciencia en la ficción. En Breaking Bad esa ciencia gira en torno a la síntesis de metanfetamina, para lo cual la pareja utiliza sustancias como fósforo rojo (que obtienen de cajetillas de cerillas) o yodo (de productos desinfectantes). También aparecerán otras, como la fenilacetona, que emplean como agente reductor; el fosfano, cuya toxicidad puede ser apreciada en los primeros capítulos; o el fulminato de mercurio, responsable de una explosión que resultaría tremendamente beneficiosa para White.

No toda la química que subyace a Breaking Bad está vinculada a la obtención de la ansiada metanfetamina azul (color debido a las impurezas). También podemos encontrar a White impartiendo una clase sobre la importancia del carbono para la vida e incluso explicando algo de historia de la química a sus estudiantes, como la producción de diamantes sintéticos por Tracy Hall a mediados del siglo pasado. Y no solo de química se nutre Breaking Bad. Como explican los autores, el lector podrá adentrarse en algunos aspectos de la biología, de la toxicología o de la física. A partir del análisis de escenas de la serie, Nelson y Trumbore sintetizan las ideas científicas clave, matizando y ampliando las explicaciones ofrecidas por el mismo profesor White.

The science of Breaking Bad constituye así una lectura amena y didáctica para adentrarse en cuestiones científicas, al tiempo que permite reflexionar sobre el papel de los límites legales y morales de la actividad científica o sobre cómo la ciencia puede contribuir a crear historias atractivas y capaces de seducir al gran público. Desde esta perspectiva, la obra se revela también como un recurso educativo de gran interés para el profesorado de ciencias que desee hacer uso de la ficción como herramienta pedagógica. El trabajo de Nelson y Trumbore nos muestra cómo las aventuras de Heisenberg y Jesse proporcionan una buena excusa para hablar de síntesis orgánica, de las formas alotrópicas de los elementos químicos o de la electroquímica de una batería, entre otras muchas cuestiones. Sin duda, un libro imprescindible en la biblioteca de todos aquellos adeptos a la historia de Walter White que quieran descubrir dónde estaba la línea entre la ficción y la realidad desde una mirada científica.

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