Cuando el azul era un color «precioso»

¿Busca el azul perfecto? Especifique, por favor: ¿cobalto, prusia, azurita o ultramarino? Según el libro de Philip Ball La invención del color, si fuera usted un artista del siglo XIV, el mejor color azul le costaría como el rescate de un rey.

SUSANNA PRICE, GETTY IMAGES

¿Busca el azul perfecto? Especifique, por favor: ¿cobalto, prusia, azurita o ultramarino? Según el libro de Philip Ball La invención del color, si fuera usted un artista del siglo XIV, el mejor color azul le costaría como el rescate de un rey. Ni siquiera es posible reproducirlo en estas páginas —no es obtenible mediante la cuatricromía de la impresión ordinaria.

El azul más antiguo de factura humana —el pigmento sintético más antiguo— es el azul «egipcio», o azul malaquita. Los fabricantes de colores cocían en un horno una parte de cal, una parte de óxido de cobre y cuatro partes de cuarzo, lo que producía un material azul opaco que se molía finamente para conseguir el polvo con que se hacía la pintura. Ese material está presente en utensilios egipcios datados en torno a 2500 a.C. y aún se empleaba cuando la erupción del Vesubio en 70 d.C.

En la Edad Media, junto con la transmutación, los colores ocupaban una posición destacada entre las obsesiones de los alquimistas. Y la gran contribución de estos a las artes fue el azul ultramarino. Se obtiene este del lapislázuli azul, una piedra semipreciosa que por entonces procedía de yacimientos afganos. Aquella muy cara materia prima y su trabajosa preparación (innumerables amasados del mineral y lavados en lejía) producían el azul oscuro, intenso y vivo, que vemos, como señala Ball, en los mantos de la Virgen María. El cliente de un pintor medieval que pudiera permitirse una Virgen en azul ultramarino exhibía la piedad de un arzobispo y la riqueza de un moderno gestor de fondos de inversión.

Aún en 1800, pese a las posibilidades que ofrecían otros azules, los pintores seguían tras un sustituto más barato para al azul ultramarino. En 1824, la Sociedad Francesa para el Fomento de la Industria Nacional ofreció un premio de 6000 francos por un proceso industrial capaz de producir ultramarino sintético por menos de 300 francos el kilogramo. El fabricante de colores Jean-Baptiste Guimet reclamó el premio. Hacia los años setenta del siglo xix el esnob atractivo del pigmento natural se había extinguido, muerto a manos del tiempo y de un precio entre 100 y 2500 veces mayor que la variedad sintética. Ese azul ultramarino sintético fue el color preferido de impresionistas como Renoir, Cêzanne y van Gogh.

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