Viaje molecular al pasado

Nuevas técnicas permiten resucitar genes y proteínas de organismos extintos.

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Han transcurrido más de 150 años desde que Charles Darwin publicara El origen de las especies. Esta obra sentó las bases de la biología evolutiva e introdujo el concepto de selección natural como motor principal de la evolución y diversificación de las especies. Desde entonces, son innumerables los trabajos realizados en el campo de la biología evolutiva, aunque hubo que esperar hasta la década de los sesenta del siglo XX para que surgiera el estudio evolutivo de las moléculas de la vida, ácidos nucleicos y proteínas.

En general, paleontólogos y biólogos evolutivos recurren al análisis de restos fósiles para estudiar el origen y la evolución de las especies. Sin embargo, la degradación de ácidos nucleicos y proteínas hace difícil la conservación de los mismos y, salvo muy contadas excepciones, resulta imposible encontrar restos moleculares en fósiles. Aun en el mejor de los casos, el examen de fósiles presenta dificultades y limitaciones. Los fósiles anteriores a la explosión Cámbrica, por ejemplo, son muy escasos. Ocurrida hace 542 millones de años (Ma), esta supuso el origen de los organismos multicelulares complejos. En el período precámbrico, la mayoría de los organismos eran procariotas o eucariotas simples; sus restos fósiles son difíciles de analizar, ya que sus morfologías pueden confundirse fácilmente con formaciones minerales. Por ello, en las últimas décadas se ha propuesto el desarrollo de otras técnicas que permitan el estudio de la evolución de las especies y de sus moléculas constituyentes.

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