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1 de Septiembre de 2018
Espacio

Un misterio lunar resuelto

La recuperación de varias cintas magnéticas perdidas revela la causa del calentamiento de la Luna.

GETTY IMAGES

Cuando los astronautas del programa Apolo regresaron de la Luna en los años setenta, dejaron atrás dos pares de sondas de temperatura enterradas en la superficie. Su objetivo era medir el calor que emanaba del suelo, con la esperanza de inferir cuánto calor radiactivo generaba la Luna y descubrir así detalles de su actividad geológica reciente.

Aquellos detectores, alimentados con energía nuclear, transmitieron datos a la Tierra que fueron almacenados en cintas magnéticas. Los datos llegaron hasta 1977, pero el investigador principal, Marcus Langseth, solo los estudió hasta diciembre de 1974, ya que las cintas restantes se perdieron debido a errores burocráticos que impidieron localizarlas. Sin embargo, a lo largo del último decenio, un grupo de científicos ha estado registrando áticos, garajes e instalaciones gubernamentales hasta que, por fin, han aparecido algunas de las cintas desaparecidas.

El informe de Langseth sobre los datos originales había revelado que el calor descendía desde la superficie del satélite, en vez de ascender desde el núcleo, como habría cabido esperar. Ello desencadenó varias teorías: que la presencia de los astronautas había calentado de algún modo la superficie; que los propios instrumentos habían generado un exceso de calor; o que la Luna estaba atravesando un ciclo de calentamiento prolongado. La incertidumbre implicaba que los científicos no podían fiarse de los resultados experimentales.

Ahora, las cintas recuperadas han demostrado que el calor viajó desde la superficie lunar hasta el fondo de las perforaciones donde se introdujeron las sondas. Ello ha permitido descartar todas las explicaciones excepto la que postulaba que fueron los propios astronautas los que alteraron la superficie del satélite. Sus huellas y el paso de los vehículos lunares comprimieron y oscurecieron la superficie. «Fue la [absorción de la] luz del Sol allí donde caminaban los astronautas lo que hizo que la Luna se calentara en esos lugares», asegura Walter Kiefer, investigador del Instituto Lunar y Planetario de Houston y coautor del trabajo. Los resultados se publicaron el pasado mes de mayo en la revista Journal of Geophysical Research: Planets.

Estos hallazgos sugieren que las mediciones realizadas al comienzo de los experimentos, cuando el calor todavía se concentraba cerca de la superficie, eran las más fiables, lo que significaría que los datos originales eran correctos. «Ahora sabemos que podemos fiarnos de esas mediciones hasta un punto del que no estábamos seguros hace unos años», concluye Kiefer.

 

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