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1 de Junio de 2019
Etología

Inteligencia viscosa

Los mohos mucilaginosos toman decisiones complejas y variadas.

THOMAS FUCHS

En la célebre película El Mago de Oz, el espantapájaros anhela tener un cerebro hasta que se percata de que ya posee el ingenio que necesita. De modo similar, los mohos mucilaginosos acelulares (extrañas masas gelatinosas formadas por una única célula dotada de miles de millones de núcleos) carecen de cerebro, pero en ocasiones actúan como si fueran seres mucho más complejos. «No podemos decir que tengan personalidad, porque sonaría muy extraño, pero estas células gigantes hacen gala de comportamientos bastante complejos y muestran actitudes distintas a la hora de tomar una decisión», afirma Audrey Dussutour, etóloga de la Universidad de Toulouse III–Paul Sabatier. [Véase «La masa devoradora: una célula gigante e inteligente», por Audrey Dussutour y David Vogel; Investigación y Ciencia, octubre de 2018.]

A esta especialista y a sus colaboradores les intrigaba saber de qué modo tres cepas de una especie de moho mucilaginoso, originarias de Japón, Australia y EE.UU, sopesarían la rapidez y el acierto durante la búsqueda de alimento. Les presentaron alimentos de diversa calidad y observaron cuáles optaban por engullir. La cepa japonesa actuó con premura eligiendo siempre el primer alimento que encontraba ante sí. En cambio, la australiana se tomó su tiempo antes de decantarse en general por el alimento mejor. La estadounidense decidió actuar con más lentitud que la japonesa pero no tanta como la australiana, aunque también eligió el bocado de mayor calidad.

El presuroso moho nipón seguramente aventajaría a los otros en lugares donde los recursos escaseasen y la competencia fuera enconada, cuando cualquier cosa que llevarse a la boca es mejor que nada, según razonaban los autores el pasado febrero en Proceedings of the Royal Society B. La cepa australiana estaría mejor adaptada a los entornos ricos en recursos, donde meditar la decisión mejora el aporte de nutrientes. La cepa estadounidense probablemente prosperaría en ambas circunstancias.

Tales hallazgos imprimen un giro ecológico al creciente volumen de trabajos que están desvelando la capacidad de los organismos más simples para tomar decisiones, opina James Marshall, biólogo teórico y bioinformático de la Universidad de Sheffield, ajeno al estudio. «La demora en elegir la decisión correcta tiene sentido cuando se está solo, pero cuando se compite con otros, es preferible ser rápido aunque se sea un poco burdo.»

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