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1 de Junio de 2019
Medicina

Regeneración de órganos con fármacos

Un medicamento que se había descartado revela su capacidad de reconstruir órganos dañados por enfermedades o lesiones.

SAM FALCONER

En síntesis

Los tratamientos con células madre acaparan titulares sobre curación y regeneración de distintas partes del cuerpo, pero han tenido poco éxito.

El compuesto MSI-1436 parece más prometedor, según indican los experimentos con animales. Suprime el freno a la capacidad natural del organismo de regenerar las células.

La molécula, destinada en un principio al tratamiento de la diabetes y de la obesidad, pasó con éxito las pruebas de seguridad en personas, una enorme ventaja en el desarrollo de un medicamento.

Un relato sobre mordeduras de tiburón en una taberna escocesa nos abrió a nuevas ideas acerca de la reconstrucción de organismos dañados. A comienzos de este siglo, Michael Zasloff, genetista de la Universidad de Georgetown, pronunció una conferencia en la Universidad de St. Andrews sobre diversos antibióticos naturales presentes en pieles de animales. Después de la charla, fue a tomar una copa con otros académicos, y un biólogo marino comentó que los delfines eran atacados con frecuencia por los tiburones, que les causaban enormes heridas, de 45 centímetros de longitud y 12 centímetros de profundidad. De forma sorprendente, los delfines se curaban en unas semanas, sin signos de infección.

Asombrado por semejante rapidez para recuperarse tras atroces lesiones, Zasloff no podía dejar de pensar en esa conversación. En los años siguientes, leyó informes sobre delfines mordidos y habló con biólogos marinos que estudiaban estos animales. En 2011 publicó una carta en el Journal of Investigative Dermatology titulada «Observaciones sobre la extraordinaria (y misteriosa) cicatrización de heridas del delfín mular». En ella señalaba que los delfines no parecían limitarse a remendar el desgarro con una cicatriz, lo que produce otros tipos de células, sino que en realidad regeneraban el tejido dañado. Poco después, nos llamó a uno de nosotros. Strange, por entonces presidente del Laboratorio de Biología de la Isla Mount Desert (MDIBL), en Maine, impulsaba la investigación de compuestos naturales y sintéticos que estimularan la regeneración, y Zasloff pensó que algunos de los antibióticos que había descubierto en la piel animal también podrían fomentar este tipo de recuperación. Todo lo que contribuyera a reponer o restaurar las células destruidas por enfermedades o lesiones supondría un gran avance médico.

Seis años después de esa llamada, los tres (Yin, Strange y Zasloff) hemos demostrado que el antibiótico natural MSI-1436, descubierto por Zasloff en un pequeño tiburón, estimula intensamente la regeneración de diversos órganos dañados en el pez cebra y del músculo cardíaco en el ratón. El compuesto libera ciertos «frenos» moleculares que reprimen la capacidad natural que posee el tejido para regenerarse después de una lesión. En ratones afectados por el equivalente de la distrofia muscular en las personas, enlentece la degeneración de los músculos. Todavía estamos experimentando con animales y no hemos demostrado estos efectos en los humanos, pero el MSI-1436 cuenta con una importante ventaja sobre los innumerables compuestos que resultan prometedores en el laboratorio y después fracasan en las personas: ya ha demostrado su seguridad.

En 2007 se había ensayado en personas como posible tratamiento de la obesidad y la diabetes de tipo 2, porque mejoraba la sensibilidad de las células a la insulina. Los estudios, supervisados por la Agencia de Fármacos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, demostraron que el MSI-1436 se toleraba bien en dosis altas, sin causar efectos perjudiciales. Pero el producto se presentaba en forma de líquido que debía inyectarse a diario, lo que no iba a resultar atractivo para los pacientes, que ya disponían de otras opciones más fáciles de administrar, como los comprimidos orales. De modo que los laboratorios farmacéuticos no prosiguieron su desarrollo.

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