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1 de Junio de 2019
Microbiología

Simbiosis microbianas

Las asociaciones bacterianas resultan ser más frecuentes e influyentes de lo que habíamos supuesto jamás.

Agregados: En las emanaciones de metano pueden observarse asociaciones entre metanótrofos anaerobios y bacterias sulfatorreductoras. [Fuente: «Single cell activity reveals direct electron transfer in methanotrophic consortia», Shawn E. Mcglynn et al. en Nature, vol. 526; 22 de octubre de 2015.]

En síntesis

Hace tiempo que sabemos de la importancia de los microorganismos como moduladores de la biosfera. La opinión general era que las comunidades microbianas se regían por la competencia para obtener los recursos.

Pero una gran cantidad de nuevos datos sobre los habitantes microscópicos del medio marino y de las aguas subterráneas en todo el mundo han revelado que muchos colaboran.

Estos hallazgos sustentan la teoría de que la interacción y la asociación entre los microorganismos, y no la competencia, serían la norma y la fuerza animadora de la biosfera.

A ochocientos metros bajo la superficie del océano, los focos del batiscafo Alvin revelan un oasis rebosante de color ante la costa de Oregón. El lecho marino aparece alfombrado de tapetes microbianos de tonos blancos, amarillentos y anaranjados, salpicados por campos de almejas y mejillones. Peces de roca encarnados, de lechosos ojos saltones, observan con recelo la nave mientras penachos de burbujas brotan de unos montículos de abigarrada roca calcárea. El halo de luz atrae como un cebo a un buen número de curiosos y muestra retazos de tan extraño dominio, a la par que oculta su extensión real.

Horas antes, uno de los autores (Marlow) se había introducido en la angosta esfera de titanio del Alvin con otros dos exploradores para iniciar la inmersión. Corría el año 2010. Mientras descendían por un caleidoscopio de azules, los batinautas apretaban el rostro contra los ojos de buey. Su destino era Hydrate Ridge, una formación rocosa de donde emanan ingentes cantidades de metano desde la corteza terrestre. Con el ritmo al que se descubren las chimeneas de este gas (en una sola expedición al este del Pacífico en 2016 se hallaron 450), se ha desatado una carrera por calibrar su impacto ambiental. Después de todo, el metano es un potente gas de efecto invernadero: pese a constituir solo el 0,00018 por ciento de la atmósfera, representa el 20 por ciento del potencial de calentamiento de la misma. Los cálculos indican que cerca del 10 por ciento del metano atmosférico anual procede de las emanaciones frías del lecho marino. Semejante chorro de burbujas podría causar estragos en el clima si no se controlase, pero algo evita que llegue a la atmósfera más metano: los colonos microscópicos de las emanaciones frías.

Estos microorganismos, que habitan bajo los tapetes blancos y las conchas vacías de los bivalvos, consumen metano con notable voracidad. Minúsculos pero incontables, su actividad contribuye a modelar los paisajes, sustenta los ecosistemas e influye en el clima planetario. Su poder reside en la cooperación. A pesar de que los expertos hace décadas que conocen su existencia, siguen siendo misteriosos en numerosos aspectos. La mayor incógnita es la magnitud de su influencia: ¿viven solo en regiones aisladas del fondo del mar, o están extendidos por doquier? En términos más generales, ¿es su propensión a la cooperación un hecho excepcional, o algo corriente en el mundo microscópico? La opinión predominante durante largo tiempo sostenía que básicamente compiten entre sí por los recursos. Pero tal vez la norma sea realmente la cooperación. Como un punto de luz suspendido en aquella vastedad tenebrosa, descendimos hasta allí para descubrir cuán dominantes son en realidad estas formas de vida.

Un mundo microscópico

En cierto sentido, el descenso a los abismos marinos para recolectar seres microscópicos constituye un paso lógico en el afán de la ciencia por conocer los entresijos de nuestro planeta: de qué modo elementos como el carbono, el nitrógeno, el azufre y el fósforo circulan de un ecosistema a otro o cómo se incorporan a la atmósfera los gases de efecto invernadero. A fin de cuentas, vivimos en un mundo dominado por los microbios: desde las rocas que yacen bajo el lecho marino hasta las partículas de polvo del desierto que flotan en las altas capas de la atmósfera, están presentes casi allá donde miremos. Y hace tiempo que sabemos que su cometido en la distribución de tales elementos y compuestos contribuye de manera decisiva a hacer de la Tierra el planeta que es, habitable para animales como nosotros.

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