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Acerca del artículo «El declive de las mariposas mediterráneas», de Constantí Stefanescu [Investigación y Ciencia, marzo de 2021], me planteo dos cuestiones. La primera tiene relación con la formación de los voluntarios: ¿cómo se forman? Aunque en el artículo se dice que es fácil reconocer las distintas especies de mariposas, no me parece tan sencillo... ¿Se les exige algún tipo de formación académica? La segunda cuestión guarda relación con la pandemia actual: ¿cómo han afectado los confinamientos y las limitaciones de la movilidad a la recogida de datos? ¿Han perjudicado a algún proyecto concreto?

Lucía de la Cruz
L’Hospitalet, Barcelona

RESPONDE STEFANESCU: La identificación de especies de mariposas puede no ser una tarea sencilla, al menos para ciertos grupos de especies y en zonas particularmente diversas. Sin embargo, hoy existe una profusa información de gran calidad sobre las mariposas ibéricas, lo que facilita un aprendizaje rápido. Nuestro equipo de coordinación proporciona abundante material de formación a los voluntarios, así como un continuo soporte personalizado que incluye visitas periódicas para resolver dudas metodológicas y de identificación. Además, los voluntarios tienen acceso a un foro interno del proyecto donde pueden hacer preguntas, intercambiar fotografías y resolver dudas. Y aquellos voluntarios que comienzan sin experiencia previa sobre mariposas pasan por un período de formación de entre uno y dos años antes de que los datos que obtengan se consideren válidos. En todo caso, la participación no requiere una formación académica especial, sino solo aprender a reconocer las especies que aparecen en los lugares donde realizan los censos.

En efecto, las restricciones de movimiento de la primavera pasada supusieron la pérdida de un número considerable de datos de 2020. Por fortuna, algunas personas realizaron los censos por encargo de parques naturales y otros organismos públicos, en cuyo caso pudieron salir con los permisos correspondientes, excepto durante el confinamiento domiciliario más riguroso. Esos datos fueron de gran utilidad porque permitieron construir las curvas de vuelo de las especies, los cuales se emplean para estimar los contajes en semanas sin datos reales. Las perspectivas para este año son mejores, ya que contamos con permisos para que los voluntarios puedan salir a censar, dado que esta actividad no supone contacto con otras personas y que el riesgo de contagio es mínimo.

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