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Contaminación espacial

La nueva industria privada de lanzamientos espaciales tiene mucho que aprender del sector de la aviación en cuanto a sostenibilidad.

Lanzamiento de un cohete de SpaceX [SPACEX/UNSPLASH]

En síntesis

Aunque la industria espacial genera muchas menos emisiones que la aviación, eso no significa que podamos ignorar su impacto ambiental.

Los lanzamientos de cohetes y la reentrada de basura espacial producen gases y partículas que pueden alterar la atmósfera y dañar la capa de ozono.

Resulta urgente caracterizar mejor esa contaminación y sus repercusiones ambientales para evaluar la sostenibilidad del sector espacial.

La industria espacial está creciendo e innovando a un ritmo que no se veía desde los días de las misiones tripuladas a la Luna. Hace cincuenta años, casi todos los proyectos relacionados con el espacio estaban financiados por los Gobiernos. Pero en el espacio del siglo XXI, los cohetes y satélites suelen responder a inversiones empresariales o colaboraciones entre el sector público y el privado.

Libre de las ataduras gubernamentales, la industria espacial se parece cada vez más a la aviación en su manera de operar: reutilización, cadencia regular de vuelos y producción en serie de naves espaciales y lanzaderas. Los analistas predicen que la contribución del sector espacial al PIB mundial podría rebasar el 1 por ciento hacia el año 2040, y es razonable imaginar escenarios futuros donde la industria de la aviación y la espacial tengan un peso económico equiparable.

Desde la Segunda Guerra Mundial, buena parte de los extraordinarios progresos realizados en el sistema de propulsión y el fuselaje de los aviones se han guiado por criterios de sostenibilidad, centrados sobre todo en las emisiones de los motores a reacción. Los reactores modernos expulsan muchos menos gases contaminantes y hollín que los de hace cincuenta años. La presión para reducir dichas emisiones ha resultado positiva para la aviación, puesto que perfeccionar el proceso de combustión del motor hasta rozar la máxima eficiencia teórica ha hecho que disminuya el consumo de combustible, algo beneficioso para las cuentas de las compañías y para el planeta Tierra.

En cambio, el desarrollo de sistemas espaciales no se ha preocupado demasiado por la sostenibilidad. Al igual que los reactores, los motores de los cohetes expulsan a la atmósfera diversos gases y partículas que pueden tener efectos regionales o incluso globales. Aun así, suele ignorarse el impacto ambiental de los vehículos de lanzamiento, como resultado de comparar el consumo de combustible de los aviones y los cohetes de una manera simplista.

El argumento es el siguiente: en un año, los cohetes queman solo el 0,1 por ciento del combustible que consumen los aviones y, en consecuencia, representan solo el 0,1 por ciento del problema ambiental que supone la aviación. Pero se trata de una falsa equivalencia. Una comprensión profunda de todas las fases de un vuelo espacial muestra que sus emisiones pueden producir alteraciones atmosféricas totalmente distintas (y a veces incluso peores) a las causadas por la aviación.

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