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La controversia del Hombre de Orce

Política y públicos en la búsqueda de los orígenes de la humanidad.

La sátira de la portada de El Papus muestra hasta qué punto era conocido el Hombre de Orce por el público español. [© EL PAPUS]

En junio de 1984, la portada del número 525 de la revista satírica El Papus mostraba la caricatura de un hombre-­burro con un tatuaje de «I love Fraga» y el titular «El misterio del Hombre de Orce». El Papus era un referente de la actualidad política crítica con el franquismo; tan irreverente que, en septiembre de 1977, sufrió un atentado del terrorismo fascista que acabó con un muerto. Pero ¿qué era el Hombre de Orce? ¿Y por qué era objeto de sátira en la revista?

Descubrimiento

La historia del Hombre de Orce se remonta al verano de 1982. Josep Gibert, Jordi Agustí y Salvador Moyà Solà, investigadores vinculados al Instituto de Paleontología fundado por Miquel Crusafont en Sabadell (Barcelona), dirigían una excavación en el yacimiento de Venta Micena, en Orce, un pequeño pueblo de Granada. Albergaban la esperanza de encontrar restos de los primeros humanos que llegaron a Europa. El mismo objetivo que perseguían otros científicos, como el matrimonio formado por los paleontólogos Henry y Marie Antoinette de Lumley, foco de atención científica y mediática gracias a sus hallazgos en el yacimiento de Tautavel, en el sur de Francia.

Ese verano se produjo en Orce un hallazgo histórico. Los investigadores descubrieron un fragmento de hueso que, pese a mantener parte de su cara interior adherida a una roca, presentaba una serie de características, especialmente su curvatura y grosor, que sugerían que se trataba de un cráneo humano. ¿Podía tratarse del resto más antiguo de un antepasado del hombre encontrado en Europa? Los paleontólogos de Sabadell no contaban con la suficiente estabilidad económica para desarrollar sus investigaciones, por lo que decidieron mostrar el fragmento a los responsables de la Diputación de Barcelona, de la que dependía el Instituto de Paleontología de Sabadell.

Cabe recordar que la Transición se encontraba en una fase clave. En octubre de 1982, Felipe González y el Partido Socialista Obrero Español iban a ganar las elecciones generales, y en mayo de 1983 las elecciones municipales darían al PSC-PSOE la presidencia de la Diputación, que de hecho ya ostentaban desde 1980. Algunas de las competencias de la Diputación estaban siendo transferidas a la recién reinstaurada Generalidad de Catalunya, presidida por Convergència i Unió, y al partido socialista le convenía mostrar públicamente el papel de la Diputación, a fin de preservar la institución manteniendo sus competencias. Los responsables políticos de la Diputación reaccionaron eufóricamente cuando los científicos les mostraron el fragmento de hueso.

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