Aplicaciones del efecto Hall cuántico

Esta variante de un fenómeno clásico posibilita, incluso en muestras irregulares, la medición de constantes fundamentales con una exactitud que rivaliza con la de las calibraciones más precisas.

Pocas áreas de la ciencia moderna se han estudiado con la intensidad de la física de los materiales semiconductores. Son éstos componentes esenciales de los aparatos electrónicos, emblema de nuestra era. Con el refinamiento de estos aparatos, los investigadores han ido dominando el crecimiento de cristales semiconductores rayanos en la perfección y han aprendido a modificar las propiedades electrónicas de tales cristales mediante la adición de unas pocas partes por millón de átomos extraños. El profundo conocimiento de las propiedades de los cristales modificados ha posibilitado su incorporación en elementos del circuito cuyo grosor se mide en decenas de capas atómicas y cuya área es tan pequeña que en una pastilla («chip») de un centímetro cuadrado se alojan hasta un millón de elementos.

Podría, por tanto, parecer improbable que en los años ochenta los físicos de semiconductores llegaran a verse sorprendidos ante el descubrimiento experimental de un efecto nuevo y revolucionario, tan poco previsible que habrían de transcurrir muchos meses antes de que los expertos en el campo pudiesen elaborar una explicación satisfactoria. De hecho, se han producido dos sorpresas de este tipo.

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