La presencia de fosfano en Venus, cuestionada de nuevo

Dos estudios vuelven a poner en entredicho la polémica detección del gas en la atmósfera del planeta.

Imagen de las nubes de Venus, captada en el ultravioleta por el orbitador japonés Akatsuki. [ISAS, JAXA, AKATSUKI; MELI THEV (procesamiento)]

Dos recientes artículos han asestado un nuevo golpe a la idea de que la atmósfera de Venus podría contener fosfano, un gas que se considera un posible signo de vida.

El anuncio de la existencia de fosfano en Venus sacudió la ciencia planetaria el pasado mes de septiembre, cuando un grupo de investigadores comunicó que había identificado la firma espectral del gas en algunos datos telescópicos. De confirmarse el descubrimiento, eso podría implicar (aunque en realidad se trataría de una posibilidad remota) que las nubes de Venus albergan microorganismos que liberan el gas. Desde entonces, varios estudios han puesto en duda la detección, aunque sin llegar a descartarla por completo.

Ahora, un equipo de científicos ha publicado las críticas más contundentes realizadas hasta la fecha. «Lo que aportamos es una mirada global, otra manera de explicar estos datos sin recurrir al fosfano», señala Victoria ­Meadows, astrobióloga de la Universidad de Washington en Seattle que ayudó a dirigir los últimos estudios. Ambos trabajos aparecieron a finales de enero en el repositorio arXiv y ya han sido aceptados para su publicación en The Astrophysical Journal Letters.

Explicaciones alternativas

En un estudio, Meadows y sus colaboradores analizaron los datos de uno de los telescopios que sirvieron para descubrir el fosfano, y no lograron detectar la firma espectral del gas. En el otro, los científicos calcularon cómo se comportarían los gases en la atmósfera de Venus y concluyeron que lo que el equipo original tomó por fosfano es en realidad dióxido de azufre (SO2), un gas común en Venus y que no guarda relación con la vida.

Los últimos artículos muestran de manera muy clara que no hay señales del gas, afirma Ignas Snellen, astrónomo de la Universidad de Leiden que ha publicado otra crítica distinta al artículo original. «Eso hace que todo el debate sobre el fosfano, y posiblemente sobre la vida en la atmósfera de Venus, se torne bastante irrelevante.»

Jane Greaves, astrónoma de la Universidad de Cardiff y líder del equipo que anunció la detección del fosfano, apunta que ella y sus colaboradores aún están estudiando los nuevos artículos y que no harán comentarios hasta haberlos evaluado.

La presencia o ausencia de fosfano en Venus no es un tema baladí. En la Tierra, el gas (formado por un átomo de fósforo y tres de hidrógeno, PH3) puede proceder de fuentes industriales como los pesticidas, o biológicas como los microbios. Cuando anunciaron su hallazgo, Greaves y sus colaboradores contemplaron la posibilidad de que la presencia de fosfano estuviera relacionada con la existencia de vida en Venus, a falta de otra manera evidente de explicarla.

Pero la detección del fosfano se basa en una cadena de observaciones e inferencias que otros científicos han ido socavando en los últimos meses.

La historia de una polémica

El equipo de Greaves usó el telescopio James Clerk Maxwell (JCMT) de Hawái y observó una línea espectral en la atmósfera de Venus a una frecuencia de 266,94 gigahercios, un valor en torno al cual tanto el fosfano como el SO2 absorben la luz. Los científicos confirmaron la existencia de la línea empleando el Gran Conjunto Milimétrico/Submilimétrico de Atacama (ALMA), en Chile. Además, buscaron con ALMA otras líneas espectrales que cabría esperar si la línea procediera del SO2, pero no las encontraron. Eso, afirmaron, sugería que la línea que habían visto a 266,94 gigahercios provenía del fosfano.

Pero resultó que ALMA había procesado de manera incorrecta los datos que emplearon los investigadores. Cuando comenzó el debate sobre el fosfano en Venus, los responsables de ALMA se dieron cuenta del error, retiraron los datos, los volvieron a procesar y los publicaron de nuevo en noviembre. Greaves y sus colaboradores analizaron los datos reprocesados y determinaron que seguían observando fosfano, aunque mucho menos del que habían anunciado en un principio.

Esos datos reprocesados de ALMA constituyen la base de uno de los nuevos estudios que cuestionan la existencia de fosfano. Un equipo en el que participaba Meadows y dirigido por Alex Akins, tecnólogo que investiga en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en California, se propuso reproducir el trabajo del grupo de Greaves y analizó los datos reprocesados. Sin embargo, estos investigadores no observaron la línea espectral del fosfano. «El caso es que no logramos verla», incide Akins.

Es la primera vez que un equipo independiente publica un análisis de los datos reprocesados de ALMA.

El segundo trabajo explora la línea de 266,94 gigahercios detectada con el JCMT. Un equipo liderado por Andrew Lincowski, astrónomo de la Universidad de Washington, y en el que también estaban Meadows y Akins modelizó la estructura de la atmósfera de Venus a distintas alturas. Hallaron que la mejor manera de explicar la observación del JCMT era suponer la existencia de SO2 a más de 80 kilómetros sobre la superficie del planeta, y no la de fosfano a 50 o 60 kilómetros por encima del suelo, como concluyó el equipo de Greaves.

Con todo, el caso aún no está cerrado. Los nuevos estudios presentan argumentos en contra de la presencia de fosfano, pero no la descartan por completo. «Sigue habiendo suficiente margen de maniobra», admite Meadows.

En última instancia, para zanjar el debate harán falta nuevas observaciones de Venus, muchas de las cuales tendrán lugar en los próximos meses y años, señala Akins. «Hasta que no veamos algo nuevo, probablemente continuaremos dándole vueltas.»

Alexandra Witze/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Referencias: Complications in the ALMA detection of phosphine at Venus. Alex B. Akins et al. en The Astrophysical Journal Letters, vol. 907, n.o 2, art. L27, 27 de enero de 2021.
Claimed detection of PH3 in the clouds of Venus is consistent with mesospheric SO2. Andrew P. Lincowski et al. en arXiv:2101.09837 [astro-ph.EP], 25 de enero de 2021.

Este artículo apareció publicado en línea en la sección de Actualidad Científica el 1 de febrero de 2021.

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