Piedras arrojadas por tsunamis

Las grandes rocas que salpican una isla caribeña pudieron llegar a lomos de olas gigantes.

WILSON R. RAMÍREZ

La densa vegetación de la isla de Mona, un islote de Puerto Rico, esconde rocas del tamaño de un coche tachonadas de corales. Aunque los científicos ya escribieron sobre ellas a principios de la década de 1990, esas extrañas piedras cayeron en el olvido sin que nadie se decidiera a estudiar su origen. Ahora, los investigadores han vuelto a examinar estas moles y han llegado a la conclusión de que fueron arrojadas desde el mar por las enormes olas de un tsunami, provocado por un corrimiento de tierra submarino.

Muchas de esas rocas pueden verse desde el aire, pero la mayoría son casi inaccesibles por tierra, explica Bruce Jaffe, oceanógrafo del Centro de Ciencias Marinas y Costeras del Pacífico, en California. Jaffe recuerda cómo tuvo que abrirse camino entre las plantas venenosas de la isla, incluida una que puede producir ampollas y ceguera temporal. «Hemos pensado en regresar con trajes de protección especiales», asegura.

Los investigadores realizaron dos expediciones para inspeccionar más de 50 rocas, la mayor de las cuales superaba los 8 metros de largo. Las peñas aparecían diseminadas en un área extensa y a distancias de hasta 800 metros de la costa. Una tormenta seguramente no las habría lanzado tan lejos, asegura Jaffe; tuvo que intervenir un potente tsunami. Ricardo Ramalho, geólogo de la Universidad de Lisboa ajeno a la investigación, coincide con él. «Me sorprendería que fuera obra de una tormenta», afirma.

Otro miembro del equipo, el geocientífico Pedro Israel Matos Llavona, de la Universidad de Massachusetts Amherst, escudriñó mapas del fondo marino cercano y halló indicios de algo que podría haber desencadenado ese tsunami: una abrupta depresión de casi 4 kilómetros de ancho, causada por un antiguo corrimiento de tierra submarino. Matos Llavona llevó a cabo simulaciones del corrimiento y determinó que habría enviado olas de 10 metros sobre la isla de Mona, con la fuerza suficiente para lanzar piedras de muchas toneladas tierra adentro. Los científicos presentaron sus resultados en la reunión de otoño de 2020 de la Unión Geofísica Americana.

El equipo pretende identificar nuevas rocas usando un dron para detectar el calor que emiten tras pasar un día entero al sol. Según los investigadores, determinar cómo están repartidas podría servir para detectar huellas de tsunamis en otros lugares.

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