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1 de Junio de 1991
Bioquímica

Cremalleras moleculares y regulación génica

Copias sucesivas del aminoácido leucina en las proteínas sirven de dientes donde "encastrar" dos moléculas proteicas juntas, acoplamiento éste que participa en la activación y desactivación de los genes.

A imagen, diríase, de los científicos, las células del hombre y de otros organismos multicelulares tienden a especializarse. Considérense, por ejemplo, las células de la dermis y el hígado. Los queratinocitos forman una barrera de protección entre un animal y su entorno. Esas células de la piel difieren por completo de los hepatocitos, células del hígado que almacenan glucógeno (una fuente de energía), eliminan toxinas de la sangre y secretan muchos constituyentes del suero sanguíneo, incluida la albúmina. La cuestión de cómo aparecen esas divergencias ha supuesto un reto para los biólogos de buena parte de nuestro siglo.

Podríamos salir del paso con una respuesta un tanto superficial: las propiedades distintivas de las células derivan de las proteínas especializadas que sintetizan, en contraposición a las proteínas "comunes" presentes en todas las células. Abundando en ello, los queratinocitos logran su resistencia gracias a las queratinas, proteínas fibrosas que tienden cables largos y entrelazados; los hepatocitos almacenan glucógeno merced a su propia síntesis de enzimas hepáticas que cumplen esa labor.

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