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Cuando el aneurisma se complica

A partir de estudios sobre el crecimiento y la estabilidad de los aneurismas aórticos se establecen criterios clínicos que determinan cuál es el momento más apropiado para operar este trastorno vascular.

Me disponía a disfrutar del primer sábado radiante de primavera cuando recibí la llamada de Lawrence Cohen, cardiólogo y compañero de la Universidad de Yale. Parecía aterrado. "Necesito tu ayuda, John. En el servicio de Urgencias. Ven enseguida. Se está muriendo, John. La estoy viendo morir."

Se trataba de Carmela Colman. Cohen había seguido la evolución de su enfermedad durante tres años, desde que su marido había llegado a Yale para dar clases. Carmela era ya un miembro de la familia. De 32 años de edad, padecía síndrome de Marfan, un trastorno del tejido conjuntivo que tiende a producir aneurismas en la aorta torácica: unas peligrosas dilataciones en la parte superior de la gran arteria que conduce la sangre desde el corazón, a través del tórax, hasta el abdomen. Si no se tratan, los aneurismas crecen hasta romperse, una complicación que, a menudo, resulta fatal. Puede recurrirse a una operación quirúrgica preventiva que consiste en sustituir la parte alterada de la aorta por segmento vascular artificial. Pero la cirugía entraña sus propios riesgos, por lo que los médicos la recomiendan sólo cuando parece absolutamente necesaria. Debido a que la aorta de Carmela sólo estaba moderadamente dilatada, Cohen había decidido no operar.

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