Nanocuerpos

Pequeñas proteínas extraídas de camellos y llamas mejorarían la eficacia terapéutica de los anticuerpos.
La historia de Ablynx empezó como la de muchas otras compañías biotecnológicas: surgió de la confluencia entre un descubrimiento casual, la oportunidad del momento y una ambición desmedida. Emplazada en dos pisos de un viejo y anodino laboratorio en un campus tecnológico de los aledaños de la ciudad universitaria de Gante, la empresa ha cumplido su tercer año y emplea a 45 personas, de las que 33 son científicos y bioingenieros. Un cuerpo directivo reducido y una misión clara: dar con la mínima porción de proteína que cumpla la misma función que un anticuerpo, para luego transformarla en un medicamento multimillonario o, mejor aún, en el primero de una clase de fármacos contra el cáncer, la artritis reumatoide, las inflamaciones intestinales y, por qué no, contra la enfermedad de Alzheimer.
Pese a contar con el respaldo de un capital-riesgo de 40 millones de dólares y con la colaboración con Genencor, Procter & Gamble y el Consejo Nacional de Investigación canadiense, Ablynx no lo tiene fácil. Su ambiciosa meta parecería del todo vana si no fuera por el reciente y brusco aumento de la demanda de terapias basadas en anticuerpos, los inconvenientes que presentan aún esos refinados medicamentos y los profundos conocimientos que los expertos de la compañía poseen sobre la peculiar biología de los camélidos.

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